Parque Nacional das Illas Atlanticas de Galicia

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Geología

Las islas y las rías unidas desde su origen
El origen de las islas está relacionado intensamente con el origen de las rías y del relieve litoral del noroeste peninsular. Hace 400 millones de años las grandes convulsiones entre las placas terrestres, proceso denominado Orogenia Hercínica, fueron las grandes modeladoras del paisaje de la costa gallega. El resultado fué el levantamiento de una elevada cordillera litoral. Este macizo, en la era terciaria, fué erosionado y fracturado por fallas en dirección Norte-Sur y Nordeste-Sureste.

La Orogenia Alpina, posterior a la hercínica, causó en esta zona movimientos verticales entre bloques, hundiéndose los de la costa con respecto a los interiores, siguiendo a la gran falla N-S que recorre aproximadamente desde Vigo hasta A Coruña. Este hundimiento, ligado a las glaciaciones de la época del Cuaternario, que provocaron fluctuaciones en el nivel del mar, acerca y aleja intermitentemente la desembocadura de los ríos, provocando la reosión y ampliación de los valles fluviales.

En el punto más algido de la última glaciación, hace 18000 años, el nivel del mar estaba 120 m por debajo del actual. Las temperaturas más cálidas de los años posteriores hizo que el nivel del mar fuese aumentando a razón de 1m cada 100 años hasta hace 6000 años, donde el aumento fué retardándose. Hace 3000 años el nivel del mar estaba a 5-7 m debajo del nivel actual. Esta subida de las aguas fué cubriendo los valles fluviales erosionados del bloque litoral hundido (creando las rías), emergiendo sólo las cumbres más altas: las islas y las cordilleras que separan las rías (Barbanza, Castrove, Morrazo,?). Según las últimas investigaciones se cree que el aislamiento de las islas del Parque se produjo hace unos 6000 años.

Archipiélagos con rocas de distinta morfología y de disinta época.
La orogenia hercínica transformó los sedimentos en rocas metamórficas y provocó ascensos sucesivos de magma que se iban solidificando lentamente en el interior de la corteza formando rocas graníticas. Estas últimas, si su formación coincide en las épocas iniciales de la orogenia, presentan más plegamiento u orientación de sus minerales que las formadas en las épocas finales. La posterior erosión de las rocas metamórficas deja al descubierto las rocas graníticas.

CÍES Y ONS
En el granito de dos micas, predominante en Cíes y Ons, los minerales se presentan orientados, dispuestos en planos, ya que este granito se forma en la 2ª fase de plegamientos hercínicos, afectándole levemente la presión. La posterior erosión actúa sobre los planos, creando grietas en la roca y bloques angulosos.

Antes de la segunda fase de plegamientos de la orogenia hercínica, se forman los granitos biotíticos precoces, más plegados y orientados que los de dos micas, que se observan únicamente en la ensenada de Caniveliñas y en las proximidades del puerto, en Ons.

SÁLVORA
Las granodioritas de Sálvora se formaron a partir de la solidificación de un magma que penetró en el interior del macizo hercínico en los últimos momentos de la orogenia, por lo que no presentan orientación nin tantas fracturas como las rocas de Ons y de Cíes.

CORTEGADA
Los granitos de Cortegada aparecen soldados a las rocas metamórficas predominantes en esta islas: esquistos y paragneis, formados por “hojas” de rocas superpuestas. Estas rocas metamórficas se formaron a partir de sedimentos y rocas graníticas, refundidas y plegadas en al 1ª fase de al orogenia hercínica.

Las rocas más antiguas del Parque son los esquistos y paragneises de Cortegada, mientras que las más nuevas son las granodioritas de Sálvora.

Geomorfología

Cuatro archipiélagos de formas distintas resistíendose al mar.
Distinta época de formación, distinta estructura en sus rocas, distinto modelado erosivo, distintas condiciones para la vegetación, configuran los relieves de los cuatro archipiélagos. Esta heterogeneidad en las formas de las islas hace del parque un conjunto paisajísitco muy destacado, dentro de un sugestivo contexto marino.

Cíes y Ons son islas de formas alargadas y caracterizadas por una morfología opuesta entre las caras oeste y este. La parte oeste expone los acantilados frente al oceáno. La cara este, que mira a las rías, desciende al nivel del mar con roquedos y arenales. La espuma de las olas rotas en los acantiliados fuerza al visitante a imaginarse ante altos muros que defienden al sosegado mar de las rías frente al oleaje del atlántico.

Sálvora, que olvida las formas alargadas e inclinadas de las islas vecinas para describir un contorno más redondeado y plano, sustituye los altos y angulosos acantilados por grandes rocas esféricas. Estes “bolos” ofrecen formas suaves y escurridizas a los golpes de las olas.

Cortegada evita las olas del oceáno protegiéndose en la ría. Presenta un relieve bajo y un contorno de arenales y planicies rocosas.

Una costa en mosaico con acantilados, furnas, ramplas y arenales.
La costa rocosa ofrece a las olas la cara más dura de las islas.

La zona expuesta de las islas de Ons y de Cíes se caracteriza por la presencia de acantilados, constantemente azotados por las olas del oceáno. El acantilado es una formación costera inclinada y abrupta en mayor o menor medida, caracterizada por ser zona rocosa emergida pero afectada por la erosión del mar. Las rocas graníticas ofrecen dureza y estabilidad al acantilado.

Las “furnas” o cuevas son producto de la erosión en el acantilado en unos puntos que se degradan más rapidamente que las rocas más próximas. En las islas están relacionadas con las fractura en las rocas. La morfología de las 38 furans que hay en el parque (24 en Ons y 14 en Cíes) depende del material geológico, orientación de las fracturas, y el grado de erosión que le afecta. El “Buraco do Inferno” en Ons es una furna cuyo techo se hundió, creando un pozo de 43 metros de desnivel, que conecta la superficie con el fondo de la cueva.

Las ramplas de bolos son zonas horizontales costeras constituídas por fragmentos de rocas redondeados por el efecto de las olas (cantos rodados). Son zonas antiguamente cubiertas por el mar. La playa de Cantareira, en Cíes, es un buen ejemplo de rampla. Esta formación es muy típica en la isla de Sálvora.

La erosión origina misteriosas formas en las rocas

  • Bolos: grandes bloques redondeados por el agua y el viento
    Muy típicos de la isla de Sálvora, son formaciones de grandes bloques graníticos redondeados. La erosión del agua y del viento entre las fractuas horizontales de las rocas suaviza los ángulos y redondea los bloques.
  • Alvéolos y pías: excavaciones en las rocas
    Son formaciones erosivas de carácter más químico (transformación de los minerales, formación de cristales de sal) que mecánico (Viento) o biológico (hongos y líquenes). El agua de la lluvia, cargada de sal marina, se acumula en pequeños hundimientos en las rocas graníticas o en zonas más débiles ante la erosión. Estos hundimientos se irán agrandando a medida que el efecto químico del agua disgregue los minerales de la roca.
    Las pías se dan en superficies horizontales y los alvéolos en superficies verticales.
    Los taffoni son cavidades en las rocas creadas por la evolucion de alvéolos, perforando la roca.

La costa arenosa: playas y dunas se moldean ante el mar
Las playas son zonas de deposición de arenas o gravas. Las corrientes marinas litorales y el oleaje pierden fuerza en las costas protegidas de los vientos atlánticos (interior de las rías, cara este de las islas). Este descenso en la velocidad del mar provoca la disminución de su capacidad de arrastre de sedimentos, por lo que se produce la deposición en las playas.

El origen de las arenas de Cortegada es principalmente fluvial al encontrarse en la desembocadura del río Ulla, mientras que las de las restantes islas provienen de la erosión de la costa próxima. Asimismo hay una considerable proporción de restos de conchas y algas calcáreas, mayor cuanto más expuesta sea la playa.
Las dunas son depósitos de arena que el viento dominante, de dirección del mar hacia tierra, transporta desde la parte alta de la playa hacia el interior. Si hay un obstáculo (vegetación o rocas) el viento pierde velocidad y deposita la arena. Destacan por su tamaño e importancia botánica las dunas de Muxieiro en Cíes o las de Melide en Ons.

El sistema playa-duna es un ecosistema caracterizado por una morfología inestable, con cambios constantes, cuya dinámica está influenciada por los vientos, las corrientes y las olas. Esto explica su fragilidad ante cualquier actuación en la costa que modifique la dinámica costera (puertos, extracciones de áridos, paseos...).

“O Lago” o "Lagoa dos Nenos", donde la arena del mar crea un lago salado.
Este sistema geomorfológico, tan frágil como singular, está formado por una barrera arenosa (playa y dunas de Rodas) que actúa de puente natural entre dos islas, y una laguna al oeste de la flecha, denominada “Lagoa dos Nenos”. Se sitúa entre las islas de Monteagudo  la isla del Faro, del archipiélago de Cíes.

* Origen:
La acción protectora contra las olas y las fuertes corrientes que ejercen las islas sobre su cara este hace que se cree una zona de sedimentación. Las arenas se fueron acumulando entre las dos islas y creando una barrera de casi 1.5Km de longitud, desde Punta Muxieiro hasta Punta das Vellas. En esta barrera se forma la playa de Rodas flanqueada por cordones dunares de gran importancia botánica.

Como consecuencia de esta acumulación de arena, se crea una laguna comunicada permanentemente con el oceáno por la banda oeste (comunicación parcialmente interrumplida desde la construcción de un dique de comunicación entre las islas). Esta comunicación es suave debido al dique natural que suponen las rocas existentes en el estrecho oeste de la laguna. Las aguas entran con poca fuerza depositándose arenas y limos en el fondo, esenciales para la permanencia de las importante praderas de Zostera, planta acuática con flor. Este ecosistema ofrece refugio para la reproducción y cría de diversos peces y moluscos.

Las infraestructuras construídas hace unas decadas en el litoral impactan actualmente en la dinámica de las corrientes costeras, por lo que a búsqueda de soluciones es un reto para la conservación del Parque. El dique artificial, que une las dos islas, interrumpe el normal intercambio de aguas por lo que al entrar con menos fuerza se depositan más limos, colmantando la laguna. Tambíen el puerto de Rodas modifica las corrientes marinas, descendiendo el depósito de arenas en la parte norte de la playa de Rodas y acumulando más en la parte sur.

Climatología de las Islas Atlánticas

Las Rías Bajas gallegas estén enmarcadas en una región de clima oceánico con altas precipitaciones y moderada estacionalidad, tanto térmica como hídrica. No obstante, en los archipiélagos situado en el exterior de las rías (Cíes, Ons y Sálvora), se aprecia una menor descarga de lluvias que en la costa próxima. Esto es debido a que las bajas latitudes de las islas apenas significan un obstáculo para las nubes, en contraste con la barrera de montes costeros de hasta 700 metros de altura.

La escaseza relativa de lluvias, unida a la poca profundidad de los suelos, provoca que en los meses de verano se produzca un descenso de agua disponible en el suelo para las plantas, siendo éste un periodo de sequía.

El clima de las islas se aleja del carácter atlántico que proclama su nombre, ya que esta sequía introduce un factor típicamente mediterráneo.

Autores como Allué describen a las islas como una “subregion fitoclimática de tipo mediterráneo subhúmedo de tendencia atlántica”. Las lluvias de otoño e invierno compensan la escaseza estival, produciendose así un balance hídrico anual positivo (el agua de lluvia es mayor que la evaporada).

La situación estuárica de Cortegada hace que su clima sea definido por el mismo autor como “subregión atlántica europea”, perdiendo la condición mediterránea de las otras islas.

La temperatura media anual en las islas oscila entre los 13-15ºC, siendo pequeña la diferencia entre la temperatura media de los meses más cálidos (julio y agosto: 18-20ºC) y los meses más fríos (diciembre y enero: 10-12ºC).

Los vientos predominantes en los meses de verano soplan desde Norte, mientras que en invierno lo hacen predominantemente desde el Sureste.

Edafología

La pendiente, la roca madre, el clima y los seres vivos son los ingredientes de los diferentes suelos. El tipo de suelo, sus nutrientes y su espesor, condicionan la vida que alberga.

La pendiente del terreno juega un importante papel en la formación de los suelos por su relación con su erosionabilidad. Los suelos son más profundos cuando la pendiente es menor.

El tipo de roca del que parte el suelo va a definir sus minerales y sus nutrientes, así como su estructura (proporción de arenas y arcillas). Los suelos formados sobre roca metamórfica son más propicios que los graníticos (predominantes en el parque) para el crecimiento vegetal por se más arcillosos, manteniendo más la humedad, y por acoger más micronutrientes (calcio, magnesio, potasio y sodio). La baja presencia de estos cationes define a los suelos del parque como ácidos.

También el clima conforma los suelos, en especial la pluviosidad, ya que las lluvias aceleran la disgregación de las rocas y elimina los nutrientes del suelo, acidificándolos en mayor medida.

Los microorganismos, fauna edáfica y la vegetación aportan o modifican nutrientes, y aumentan la porosidad del suelo (excavación de galerías, raíces,..)

En las islas de Cíes y Ons, de dominio granítico y pendiente Oeste-Este, el esquema básico de los tipos de suelos es el siguiente:

  • Leptosol: Alta pendiente y erosión. Suelo de menos de 30 cm de profundidad.
  • Cambisol: En zonas de suave pendiente y menos erosión se forman suelos más profundos y mejor desarrollados.
  • Regosol: Zona de depósito de roca desprendida de la ladera. Se forma el suelo a partir de ese material.
  • Arenosol: Suelos de arena depositados por el mar. Contiene sal y carbonato cálcico de las conchas.

En Cortegada y Sálvora existen estos cuatro tipos de suelo, pero por sus suaves relieves aparecen más a menudo suelos de tipo cambisol o incluso suelos encharcados. En Cortegada, por su situación estuárica, en la desembocadura del río Ulla, aparecen suelos de tipo “fluvisol”, donde se acumulan sedimentos marinos y fluviales, recibiendo materiales recientes a intervalos regulares (por las mareas, por ejemplo).

Sólo en los suelos más profundos y húmedos se desarrolla vegetación arbórea autóctona (o agricultura). En las proximidades de los acantilados se desarrollan matorrales de tojo, mientras que en los arenosoles crecen plantas de duna, de gran fragilidad e importancia botánica.

Hidrología

Las grietas de las rocas atesoran reservas de agua.

Cuando se define las características hidrológicas de un lugar se debe tener en cuenta tanto la climatología como la capacidad del suelo de almacenar agua. El clima está definido por la sequía estival, pero por un balance hídrico anual positivo. La roca de las islas (graníticas o metamórficas) son suficientemente impermeables como para no crear acuíferos importantes. Esto provoca la pérdida de la mayor parte del agua de lluvia, bien mediante la escorrentía hacia el mar o bien por la evapotranspiración (agua captada por las raíces de la vegetación y la evaporada del suelo directamente).

Lo anteriormente descrito hace difícil imaginar el abastecimiento de los núcleos de población insulares que llegaron a existir en todas las islas. Esto se hace posible debido a la presencia de múltiples fracturas en el granito (diaclasado) por donde se cuela el agua, creando pequeños y superficiales acuíferos en las islas. Las diaclasas también sirven como salida del agua retenida, creando manantiales. Las pérdidas se recuperan de forma natural con las lluvias de otoño e invierno.

El poblado de Cortegada, ya abandonado, se asentó en las inmediaciones del manantial cuya fuente se encuentra al lado de la ermita, existiendo también un pozo en el interior de la isla.

En Sálvora, menos estudiada hidrológicamente, se conocen cuatro manantiales con distintos aprovechamientos: un antiguo molino, dos fuentes y una toma de agua para el faro.

El número de manantiales en la isla de Ons es de 11, mientras que Onza no tiene ninguno.

Muchos de estos manantiales surgen en zonas de contacto entre el granito y las rocas metamórficas. Estos manantiales cubren las necesidades de agua de de los pobladores de las isla.

En el archipiélago de Cíes la isla del Faro es la que presenta mayor número con 6 manantiales, 4 en la isla de San Martiño y 2 en la isla de Monteagudo.

En Cíes, la antigua reforestación forestal de las zonas de matorral causó el aumento de la evapotranspiración, provocando el desecamiento de algunos acuíferos.

El aprovechamiento de los manantiales construyendo pozos, lavaderos, fuentes y canales de regadío alteró los ecosistemas de reproducción de algunos anfibios (manantiales, suelos encharcados...). Algunos sumideros de las fuentes o lavaderos se convirtieron en los substitutos artificiales.

En lo que se refiere a las aguas superficiales no existe una red permanente extensa, apareciendo pequeños regatos que apenas perviven en verano.

Fauna

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Aunque los fondos marinos de las islas albergan gran parte de la fauna total del Parque Nacional, no por eso es menos importante la fauna terrestre. Así, el aislamiento del continente, las particulares condiciones microclimáticas de cada archipiélago, y la extraordinaria riqueza en recursos marinos de sus aguas, hacen que la fauna terrestre de las Islas Atlánticas constituya también un patrimonio natural único.

Al margen de los invertebrados, que están pendientes de futuros trabajos de investigación y catalogación, la mayor parte de la fauna vertebrada terrestre del parque pertenece al grupo de las aves, siendo mucho más escaso el número de especies de anfibios, reptiles y mamíferos.

Invertebrados

Los invertebrados terrestres son uno de los grupos faunísticos menos estudiados en el Parque Nacional y de la naturaleza en general, esto no quiere decir, ni mucho menos, que tengan menos importancia ecológica que los demás grupos. Así, hay que señalar que los conocidos a nivel mundial como “bichos” suponen más del 80% de todas las especies del reino animal.

En el ámbito de las Islas Atlánticas, casi todas las especies catalogadas se circunscriben al archipiélago de Cíes, ya que es donde se realizaron el mayor número de estudios y prospecciones de campo.

Entre los gasterópodos terrestres podemos destacar el caracol Portugala inchoata y la babosa Geomalacus maculosus, cuya distribución se restringe al área lusitánica de al Península Ibérica.

Los coleópteros o escarabajos son los invertebrados más estudiados del Parque, entre los que figuran algunos endemismos restringidos a las islas Cíes y zonas próximas, como Stenosis oteroi o Tetramelus parvus que habitan entre los tojales de los acantilados. También en este archipiélago se describió recientemente una nueva especie para la ciencia, el escarabajo Ernobius vinolasi, que se encuentra en los bosques costeros de pino marítimo.

Del orden de los ortópteros (saltamontes, grillos, etc.) encontramos la “chicharra” o grillo de matorral Callicania seoanei, y de los blatópteros la cucaracha Ectobius brunei; ambas son especies esclusivas del noroeste peninsular, mientras que la Mesochelidura occidentalis o tijereta  (dermápteros) aparece únicamente citada en Cíes y en zonas próximas a Lisboa.

En cuánto a las mariposas o lepidópteros destaca la presencia de la mariposa arlequín o Zerynthia rumina, y la espectacular mariposa macaón Papilio machaon, especie que se encuentra en regresión en toda Europa, por lo que está protegida en algunos países.

Anfibios y réptiles

En general, los anfibios y reptiles se encuentran escasamente representados en las Islas Altánticas en comparación con su abundancia relativa en las costas gallegas adyacentes. No obstante, el aislamiento que sufrieron estas poblaciones en los últimos 10.000 años como consecuencia de la formación de las islas, confiere una singular importancia ecológica y evolutiva a la herpetofauna del Parque Nacional.

Al mismo tiempo, las diferencias microclimáticas, de variabilidad de hábitaty de disponibilidad de agua existentes entre los distintos archipiélagos del Parque Nacional, provocan que el número de especies de anfibios y reptiles presentes varíe incluso entre las islas de un mismo archipiélago. (Ver Anexo anfibios y reptiles).

La escasez de cursos de agua permanentes y la baja humedad edáfica hace que la presencia de anfibios sea muy limitada, después de detectarse tan solo tres especies en las Islas Atlánticas:

La salamandra común (Píntega pintega) requiere una presencia contínua de humedad, permaneciendo enterrada en fase de letargo durante los periodos secos. Generalmente pone sus larvas en el agua (reproducción ovocivípara), aunque estudios recientes indican que las salamandras de las Islas Atlánticas se reproducen de forma totalmente vivípara, es decir, pariendo en tierra firme juveniles ya metamorfoseados, comportamiento que hasta el momento solo se detectara en poblaciones muy concretas de la Cordillera Cantábrica y Pirenaica.

Catalogada como especie “Vulnerable” en el ámbito peninsular, es muy abundante en Ons donde los ejemplares parecen presentar un mayor grado de melanismo ( predominancia del color negro y escaseza de manchas amarillas en la superficie corporal) de lo habitual. Por contra, actualmente la salamandra es muy escasa en el archipiélago de Cíes, donde prácticamente se encuentra restringida a la isla Sur o de San Martiño, aunque existió una población en la isla del Faro hasta medidados del los años 90. Las dos se consideran poblaciones aisladas amenazadas (Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Réptiles de España). No se ha descrito este anfibio en las islas de Sálvora y Cortegada.

El tritón ibérico (Trituros boscai), a diferencia de las salamandras, realiza todas las fases de la reproducción en el agua, donde permanece gran parte de primavera y verano hasta que pasan a tierra firme, para lo cual su piel se vuelve más dura y gruesa para evitar la deshidratación corporal. Esta especie exclusiva del occidente de la Península Ibérica, se encuentra en las Islas Atlánticas en los archipiélagos de Ons y Sálvora.

El sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi) es la única especie de anuro (anfibios sin cola) presente en el Parque Nacional. Podemos encontrarlo en los 4 archipiélagos, aunque su situación es crítica en Cíes, donde no se ha encontrado en los últimos años, mientras que es relativamente abundante en Sálvora.

Los reptiles son mucho más abundantes en el Parque que los anfibios debido sobre todo a que el clima más suave de las islas es más favorable a estos animales bien adaptados a medios secos y cálidos.

El lagarto ocelado (Lacerta lepida), con un tamaño medio entre los 15 y 18 cm., sin contar la cola, es el lagarto más grande de Europa, siendo bastante abundante en todos los archipiélagos del Parque. La población de la isla de Sálvora ha sido descrita recientemente como una subespecie diferente: Lacerta lepida oteroi. La lagartija ibérica (Podarcis hispanica) es el reptil más frecuente en todo el Parque Nacional, y el único que coloniza también los islotes más pequeños. Los individuos de las islas presentan un mayor tamaño corporal medio que sus vecinos continentales, diferencia que se hace mayor cuanto más al norte se encuentre el archipiélago (Sálvora). La lagartija ibérica no esta presente en Cortegada, donde sí encontramos la lagartija de Bocage (Podarcis bocagei), que se distribuye preferentemente por los roquedos costeros de este archipiélago.

Aunque su aspecto alargado y escamoso recuerda más al de una serpiente, las llamadas  “serpientes de cristal” son en realidad lagartos que carecen de patas (luciones) o las tienen muy diminutas y atrofiadas (eslizones). Son insectívoras, de hábitos diurnos y vivíparas, es decir, paren crías totalmente desarrolladas. De amplia distribución, el lución común (Anguis fragilis) y el eslizón tridáctilo (Chalcides striatus) se encuentran en todos los archipiélagos del Parque.

El eslizón ibérico (Chalcides bedriagai) a diferencia del eslizón tridáctilo o común posee cuatro extremidades bien desarrolladas aunque proporcionalmente pequeñas, provistas cada una de 5 dedos. Especie endémica de la Península Ibérica, en las Islas Atlánticas tan sólo se encuentra en el archipiélago de Cíes. Esta  población esta  considerada  “En  Peligro” de extinción en el Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España.

Las  culebras (Familia Colubridae) son  relativamente  escasas  en  el  Parque, con la  excepción del archipiélago de Ons,  donde no son raras  las  grandes culebras de  escalera (Elaphe  scalaris) que suelen superar fácilmente el metro de longitud; el mayor ejemplar medido hasta la fecha en Ons midió 1,35 m. Más pequeñas y también inofensivas son las otras dos especies de ofidios  presentes en el Parque: la  culebra  lisa meridional (Coronella girondica) y la culebra viperina (Natrix maura) cuyo nombre alude a  que  imita el aspecto y  comportamiento de las víboras como estrategia defensiva para engañar a sus depredadores y que no duda en adentrarse en las charcas intermareales para capturar pequeños peces.

Aves

La capacidad de vuelo de estos vertebrados terrestres, así como la proximidad de las islas al continente, podría en principio llevar a pensar que la importancia de este grupo faunístico no tiene nada de particular en el Parque Nacional. Nada más lejos de realidad, ya que la escasa presencia humana, la disponibilidad de buenos sitios de cría y sobre todo la extraordinaria abundancia de recursos marinos de las aguas circundantes, hacen que las Islas Atlánticas constituyan el hogar idóneo para una gran variedad de aves, especialmente las marinas, aunque tampoco faltan las terrestres y las migratorias.       

En este sentido, los archipiélagos de Cíes y Ons están catalogados como zonas ZEPA  (Zonas de Especial Protección para las Aves) según las directrices de la Directiva Aves 79/409/CEE.

Aves marinas

En este grupo se incluyen las aves ecológicamente ligadas al medio marino, es decir, aquellas que obtienen su alimento del mar y por lo tanto han evolucionado desarrollando adaptaciones específicas que les permiten sobrevivir en el mismo, como glándulas desalinizadoras, plumaje impermeable, patas palmeadas, etc.
Son miles las aves marinas que utilizan los acantilados de las Islas Atlánticas para anidar. Sin duda constituyen una de las joyas naturales más importantes y conocidas del Parque Nacional. De entre ellas, destacan como nidificantes la gaviota patiamarilla, el cormorán moñudo, la gaviota sombría y el paíño europeo, ya sea por la singularidad de las colonias que forman o por el elevado número de individuos que componen las mismas.

Gaviota patiamarilla

Es el ave más abundante y una de las más emblemáticas del Parque. En primavera miles de parejas de esta gaviota se concentran formando una espesa y ruidosa colonia que tapiza las laderas occidentales de las islas.

Un ave con mala prensa
La gaviota patiamarilla es una especie generalista capaz de aprovechar una amplia gama de recursos alimenticios, incluidos los desperdicios generados por la actividad humana. Este recurso extra aportado por el hombre ha provocado que las poblaciones de esta gaviota se hayan disparado en las ultimas décadas llegándose en las islas Cíes a superar las 20.000 parejas nidificantes  a principios de la década de los 90’. La clausura de los vertederos de las poblaciones costeras próximas y una más adecuada gestión de los residuos urbanos durante los últimos años, parecen la causa de la disminución progresiva de esta superpoblación

Por lo tanto, es el hombre el principal responsable de este desequilibrio que afecta a muchas poblaciones del litoral peninsular, y no el ave, que juega un papel ecológico muy importante en los ecosistemas costeros.

Cada pareja suele poner de 1 a 3 huevos que eclosionan entre finales de mayo y principios del mes de junio. Los polluelos tienen un color pardo-grisáceo poco llamativo que les ayuda a camuflarse entre la vegetación. Durante aproximadamente 2 meses permanecen en las proximidades del nido, siendo alimentados y protegidos con celo por la pareja reproductora. Al final de este periodo los pollos ya han alcanzado prácticamente el mismo tamaño corporal que sus progenitores y comienzan sus primeros ejercicios de vuelo. En ese momento abandonan el nido y deben comenzar a subsistir por sí solos, aunque son pocos los que consiguen superar esta crítica etapa y convertirse en adultos reproductores. Echo que ocurre entre el tercer y quinto año de vida. Es entonces cuando su plumaje se torna blanco y gris (en el dorso), y el pico y las patas se vuelven totalmente amarillas, rasgo que da nombre a esta especie.

Aunque la distribución de esta especie abarca la mayor parte de las costas de la Europa meridional, en las Islas Atlánticas anidan más de 30.000 parejas reproductoras de gaviota patiamarilla, constituyendo la mayor concentración del mundo de este ave.

Gaivota sombría

Gaviota de aspecto y tamaño muy similar a la gaviota patiamarilla, tan sólo se diferencia por tener la parte superior de las alas y dorso más oscuros que ésta. Su distribución en Europa es mucho más reducida y en la costa española cuenta con pocos núcleos de cría, siendo el de las Islas Atlánticas uno de los más importantes.        

Dentro del Parque prácticamente la totalidad de la población de esta gaviota se concentra en el archipiélago de Sálvora con aproximadamente un centenar de parejas reproductoras, lo que constituye una importante colonia a nivel peninsular.

Cormorán moñudo

El nombre de esta especie proviene  de la cresta o “moño” de plumas que estas aves lucen en su cabeza durante la época de cría. De color negro y estilizada figura,  esta ave marina se concentra en roquedos aislados (posaderos) para secar su plumaje al sol. Se desplaza volando a ras de agua en busca de bancos de lanzones y otros peces que constituyen su alimento, y que captura buceando bajo las aguas.

El periodo de cría es mucho más variable que el de la gaviota patiamarilla, aunque en general suelen criar entre febrero y agosto. Para ello construyen sus nidos en las repisas rocosas de las “furnas” o entre los bloques de granito de los acantilados en zonas próximas al mar. En pocos meses los polluelos ingieren una gran cantidad de alimento  lo cual les permite desarrollarse rápidamente hasta convertirse en juveniles o inmaduros, que se caracterizan por presentar tonalidades claras en cuello y pecho. A menudo éstos se reúnen en rocas de fácil acceso próximas al mar (“guarderías”) desde donde comienzan a zambullirse para pescar con los adultos.

La colonia de cormorán moñudo de las islas Atlánticas, con más de 2.000 parejas reproductoras, constituye uno de los mayores enclaves del mundo de esta especie y concentra casi el 50% de la población española así como el 80% de toda la población cantabro-atlántica (subesp. aristotelis).

A pesar de que las Islas Atlánticas, con más de 800 parejas constituye uno de los mayores núcleos reproductores de esta especie en el mundo, se detectó una importante disminución poblacional en los últimos años. Las redes de pesca y la contaminación por hidrocarburos son sus pricipales enemigos. En la actualidad, el cormorán moñudo está cualificado como especie en peligro de extinción y el Parque Nacional está desarrollando un Plan de Manejo y Conservación para contribuir a garantizar la supervivencia de esta ave marina, emblemática para el espacio natural protegido.

Paíño europeo

Es ésta un ave marina extremadamente difícil de localizar debido a sus hábitos nocturnos y a la inaccesibilidad de los lugares que elige para criar; grietas en islotes y roquedos muy alejados donde la peligrosidad del oleaje dificulta enormemente el acceso a estas colonias. En las Islas Atlánticas existe un pequeño núcleo de cría con aproximadamente 10 parejas nidificantes en el archipiélago de Cíes.

Esta ave longeva de pequeño tamaño tiene una tasa reproductora muy baja ya que pone un solo huevo y, al igual que otras aves marinas, puede presentar intermitencia en la reproducción, es  decir, no cría  todos los años.

El paíño es un ave estrictamente pelágica y migratoria que sólo se acerca a la costa para criar o para refugiarse de los fuertes temporales que azotan estas aguas, de ahí  que uno de sus nombres gallegos sea “Paíño do mal tempo”. Está catalogado como Vulnerable (VU) en el Libro Rojo de las Aves de España y de “interés especial” en el catalogo de la fauna amenazada de España (439/90) por lo cual se considera prioritaria su conservación.

Al margen de las aves que se reproducen en el Parque, a lo largo de todo el año es frecuente la presencia de otras aves marinas y acuáticas que hacen uso de las aguas del Parque durante sus periodos migratorios e invernantes.

Destaca la presencia de cientos de cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que utilizan las islas como dormidero durante el invierno. En este periodo tambien es frecuente la presencia de densos grupos de alcatraces europeos (Morus bassanus)  realizando espectaculares “picados” para capturar peces en las aguas que rodean las islas. Las pardelas tambien son visitantes asiduas de estas aguas atlánticas, destacando por su número los grupos de pardelas baleares (Puffinus mauretanicus) que se acercan durante los meses estivales (ave que esta catalogada como en Peligro Critico de Extinción). Tambien en estos meses es habitual la presencia del ruidoso charrán patinegro (Sterna sandvicensis) sobrevolando las transparentes aguas de las playas.

Las numerosas charcas intermareales, las playas y zonas rocosas, y el Lago en Cíes, son utilizadas por muchas aves durante los pasos migratorios como lugar de descanso y refugio, siendo habitual la presencia de garzas, garcetas, vuelvepiedras, andarios, zarapitos y otras aves limícolas.

Aves terrestres

A pesar de la escasa  superficie terrestre del Parque  (1.195 ha.) no son pocas las especies de aves terrestres que anidan en los distintos archipielagos del mismo, muchas de ellas en clara regresión en la costa gallega adyacente y en las propias islas.

Entre las aves rapaces no faltan el busardo ratonero, el azor, el halcón peregrino y el cernícalo, aunque este último solo se encuentra en el archipiélago Ons. Tambien anidan en Cíes y Ons el vencejo real y el ruidoso chotacabras. La grajilla y la cada vez más escasa chova piquirroja tan sólo están presentes en la isla de Ons, hecho que posiblemente esté relacionado con la disminución de los usos agrícolas en las islas, como los cultivos de maíz,etc. Otros córvidos como el cuervo o la corneja negra  también son escasos en el Parque.

Tampoco escasean aves de mediano porte y los pequeños paseriformes que se benefician del templado clima de las islas. Entre el arbolado, además de palomas torcazes, tórtolas y mirlos, también abundan los verderones, currucas, pinzones y carboneros. En los tojales y matorrales son comunes las tarabillas, aunque tampoco faltan petirrojos y jilgueros, mientras que entre los roquedos marinos son frecuentes las lavanderas y los colirrojos tizones.

Mamíferos

Debido a su reducida superficie terrestre y a su aislamiento, las Islas Atlánticas presentan en general, una menor biodiversidad de mamíferos con respecto a las costas continentales próximas.

Algunos de estos, como el conejo (Oryctolagus cuniculus), se han adaptado excepcionalmente a las particulares condiciones insulares (ausencia de depredadores, escasa presencia humana, etc.), por lo que se encuentra ampliamente distribuido por todos los archipiélagos del Parque. También son frecuentes los pequeños roedores como el ratón casero (Mus domesticus), el ratón de campo (Apodemus sylvaticus) y sobre todo la rata negra (Rattus rattus), especie amenazada en el Reino Unido y centro-Europa. La pequeña musaraña gris (Crocidura russula), el erizo europeo (Erinaceus europeus) y el topo (Talpa occidentalis) completan la lista de pequeños mamíferos del Parque.

En cuanto a los murciélagos, a falta de estudios más detallados, se ha detectado la presencia de por lo menos tres especies en el Parque; murciélago común (Pipistrellus pipistrellus), murciélago hortelano (Eptesicus serotinus) y murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferromequinum). Este ultimo esta catalogado como Vulnerable (VU)  en España y En Peligro (EN) de extinción en Baleares.

Otros mamíferos como los gatos asilvestrados (Felis catus) han sido introducidos por el hombre y constituyen una seria amenaza para los escasos micromamíferos autóctonos de las islas. La reciente presencia del visón americano (Mustela vison), especie foránea procedente de las granjas de cría que se ha naturalizado en toda la costa atlántica de la Península Ibérica, también es preocupante, sobre todo en la isla de Sálvora donde ya empieza a suponer un problema para las colonias de aves marinas nidificantes a las que depreda huevos y polluelos e incluso ejemplares adultos.

Aunque existen referencias sobre la presencia antaño habitual de grupos de nutrias (Lutra lutra) en las aguas que rodean las islas, tal como indican topónimos como “furna das lontras” (cueva de las nutrias), hace ya bastantes años que este mamífero no se deja ver por los alrededores del Parque.

Otros mamíferos introducidos por el hombre para fines cinegéticos o ganaderos son: el asno y la oveja en Ons y el caballo y el ciervo en Sálvora.

Flora

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La flora de las Islas Atlánticas en el planeta tierra. Biogeografía

La biogeografía es la ciencia que une la geografía y ecología para estudiar la distribución de los seres vivos en la Tierra. En ella se definen, basándose en criterios climáticos, geológicos, edafológicos, etc., unas unidades de orden jerárquico para clasificar la flora y vegetación del planeta. Atendiendo a esta clasificación los cuatro archipiélagos del Parque Nacional se sitúan en la Región Eurosiberiana, Superprovincia Atlántica, Provincia Atlántica-Europea y dentro del Sector Galaico-Portugués ocupan el Subsector Miñense, indicándonos este último un clima marcadamente mediterráneo, con una mayor sequía estival que otras áreas

Para completar el análisis de las comunidades vegetales se diferencian distintos pisos bioclimáticos debido al descenso térmico con la altitud, lo que provoca una zonación vegetal. El Parque Nacional presenta altitudes bajas, por lo que pertenece al horizonte termocolino, estrictamente costero y caracterizado por la suavidad de sus inviernos, hecho que favorece el refugio de muchas plantas termófilas, poco resistentes al frío.

En cuanto al régimen de lluvias (ombroclima), según los datos existentes, que sólo en Cíes proceden del propio archipiélago, en éstas últimas el ombroclima se consideraría subhúmedo, mientras que en Ons, Sálvora y Cortegada sería húmedo.

Un paisaje vegetal muy variado

El paisaje vegetal que nos encontramos hoy en día en los archipiélagos del Parque Nacional viene determinado fundamentalmente por la confluencia de factores ambientales y los derivados de la ocupación humana de las islas, de modo que cada una de estas nos ofrece un panorama diferente.

Las Cíes, con abruptos acantilados, albergan una variada flora que Islas Cíes aporta un mayor colorido a la estampa marina. Su cara este está cubierta por tojos en las zonas más altas y eucaliptos, acacias y pinos hacia abajo, conformando una amplia cubierta forestal que contrasta con la blanca arena de sus playas y dunas.

El archipiélago de Ons, con perfil suave y llano, muestra grandes extensiones de tojo con formaciones aisladas de eucaliptos, acacias, pinos, y pequeñas manchas de sauce. Sus acantilados, en algunas zonas tapizados con formaciones almohadilladas de armeria, ofrecen bellas panorámicas.

Islas CíesEn Sálvora domina la vegetación baja de tojo, helechos y otras herbáceas que dejan sobresalir sus grandes y característicos bloques graníticos. La flora de acantilado presenta un aspecto redondeado por los vientos y se mezcla en algunas zonas con la de dunas. Los islotes adyacentes, Sagres, Vionta, Noro, Gaboteira, Herbosa, etc. están desarbolados, con formaciones herbáceas y en el caso de Vionta, la más arenosa, con flora dunar y algunas retamas.

La imagen que nos llevamos de la isla de Cortegada es una estampa arbolada: bosquetes umbríos de robles, laureles y sauces con plantas trepadoras que tapizan el suelo, masas de pinos y eucaliptos que esconden las ruinas del antiguo poblado o pequeñas zonas cubiertas por alisos. Malveira Grande, Malveira Chica y Briñas son islotes de cobertura herbácea, aunque la primera presenta una pequeña formación forestal de roble melojo.

Factores que influyeron en la transformación del paisaje

El Océano Atlántico baña los cuatro archipiélagos del Parque Nacional, conformando un paisaje único y espectacular en cada una de las islas. Es el principal agente modelador del paisaje, bien directamente por el impacto del oleaje en la costa, o de forma indirecta, por factores como el fuerte viento que procede del mar, haciendo dificultoso el desarrollo de los seres vivos en estas condiciones ambientales.

La vegetación, elemento fundamental del paisaje, se ve muy condicionada por los vientos, la elevada salinidad, la aridez estival y un escaso desarrollo del suelo, que favorecen de forma natural un manto vegetal conformado mayoritariamente por matorral, y donde las masas arboladas se ubicarían en lugares más abrigados y con mayor espesor de los suelos, como las vaguadas. En Cortegada, por su ubicación al abrigo dentro de la Ría y su topografía, estas condiciones ambientales se suavizan, marcando la diferencia con el resto de los archipiélagos del Parque Nacional.

Este paisaje ha sido fuertemente modificado desde antiguo por la presencia humana, de modo que el panorama vegetal que nos encontramos hoy en día en los cuatro archipiélagos del Parque Nacional tiene poco que ver con el original de las islas. Aunque esta acción antrópica en las islas comienza en las épocas prehistóricas, la mayor parte de la información existente es de los últimos siglos, cuando factores diversos han sido causantes de la transformación del paisaje:

  • La fertilización, debido a los cultivos o a los excrementos del ganado, provocó un cambio en la composición del suelo favoreciendo a unas especies sobre otras. En los acantilados, los nutrientes aportados por las colonias de gaviotas también modifican las comunidades vegetales.
  • El control del crecimiento sobre la vegetación se efectuó por un lado por el ramoneo del ganado que aún hoy ejerce en Sálvora una fuerte presión sobre el matorral, y por otro por las cortas para leña que afectaban a tojos y retamas principalmente.
  • La ocupación de tierras fértiles con cultivos y el pisoteo producido por la ganadería o, en menor medida, por las gentes, conllevaron un arrase de superficie vegetada, que en el caso de los sistemas dunares se hizo importante con el incremento del turismo en las islas.
  • El fuego fue otro elemento de transformación paisajística, desde las quemas para conseguir superficie para pastos hasta los incendios, frecuentes en Ons y provocados en gran parte.
  • Desde las especies introducidas con los cultivos hortícolas a las repoblaciones masivas con pinos, eucaliptos y acacias, producidas a mediados del siglo XX, la introducción de especies exóticas ha sido determinante en la modificación del paisaje vegetal, hecho que resulta muy acusado en el archipiélago de Cíes.

Con el despoblamiento de las islas en el siglo XX, y más tarde la declaración de las Cíes como Parque Natural en 1980 y el resto de los archipiélagos como Parque Nacional en el 2002, la mayoría de estos factores de transformación desaparecieron o en algunos casos se minimizaron, como en el caso de Cortegada y Sálvora donde todavía existe presión por el pastoreo de herbívoros (cabras, caballos y ciervos).

Islas CíesAunque el paisaje está en constante evolución natural, en muchas ocasiones lo hace de forma brusca debido a la acción humana. Es entonces cuando el hombre debe volver a intervenir para tratar de recuperar el panorama anterior a esa intervención. En referencia al paisaje, el Plan Director de la Red de Parques Nacionales comenta: “Se preservará el paisaje como uno de los principales valores de los parques”, y “Se procurará recuperar un estado lo más parecido posible al resultante de la evolución natural”. Así, es competencia del Parque Nacional preservar, y cuando sea necesario, recuperar, su evolución natural y los ecosistemas y paisajes originados por ella.

Los métodos tradicionales de curación con plantas medicinales: un saber en vías de desaparición

Las mismas condiciones que causaron el abandono de las islas por sus habitantes en las últimas décadas del S. XX, como fueron el aislamiento geográfico al que se veían sometidos y las duras condiciones de vida que incluían la carencia de atenciones médicas, favorecieron el desarrollo de una cultura rica en conocimientos sobre los usos medicinales de las plantas. Este saber se está perdiendo con la emigración hacia tierra firme y la desaparición de las últimas generaciones que basaron sus remedios medicinales en ellos; lo que se sabe en la actualidad sobre esta parte de la cultura corresponde a la isla de Ons, la única en la que aún existe población y la última en la que se continuaron aplicando estos remedios.

Dada la dificultad de la visita al médico, que en ocasiones durante el invierno resultaba prácticamente imposible y que en el mejor de los casos les suponía al menos la pérdida de un día entero de trabajo, sólo se acudía a él en caso de que los remedios tradicionales no diesen resultado.

Esta medicina tradicional se basaba, por una parte, en la aplicación de remedios basados en plantas, y por otra, en ritos y ensalmos mágicos para alejar la enfermedad, sobre todo cuando ésta era desconocida y se atribuía al mal de ojo. En los escasos estudios realizados se catalogaron más de 40 plantas que se usaban como medicinales, entre ellas la hierba de Santiago (Senecio jacobaea), la madreselva (Lonicera periclymenum), la malva (Malva sylvestris) o el saúco (Sambucus nigra). Los remedios se preparaban en infusiones, ungüentos o aislando la savia de la planta, y los había para todo tipo de dolencias, desde catarros a diarreas, heridas o dolores reumáticos. Ahora que la población isleña se ha trasladado casi en su totalidad a tierra firme, donde acudir al médico no suele revestir ninguna dificultad, estos documentos escritos van camino de ser los únicos depositarios de la enorme riqueza cultural que constituyen estos conocimientos.

Sobrevivir a la dureza del medio. Adaptaciones de las plantas

A lo largo del tiempo las condiciones ambientales han ido fluctuando en los diferentes períodos geológicos. Desde la aparición de los primeros vegetales hace 400 millones de años, las plantas han tenido que ir evolucionando a la par que el ambiente cambiaba: sólo las especies que sufrieron procesos evolutivos que mejoraban su adaptación a las nuevas condiciones consiguieron sobrevivir a los cambios, llegando hasta nuestros días.

Hoy en día, las condiciones ambientales también son muy diferentes de una región a otra de nuestro planeta, lo que causa por ejemplo que en unas zonas crezca un bosque tropical y en otras, vegetación desértica. Pero también ocurre esto a una menor escala: las condiciones que se dan en el litoral difieren de las que hay en el interior, lo que, unido al tipo de suelo en el que se instale, determina en gran medida la existencia de un tipo de vegetación u otra.

En el caso del litoral, la vegetación que vive en una franja próxima al mar tiene que soportar dificultades como son la elevada salinidad de este medio, fuertes vientos, salpicaduras de las olas, suelos muy porosos con escasa capacidad de retención de agua y nutrientes, fuerte insolación debida a la reflexión de la arena, movilidad del sustrato arenoso, etc. Así, el éxito de las plantas que crecen en este medio radica en sus adaptaciones para soportar lo que en principio serían dificultades para su crecimiento, y para ello han desarrollado algunos mecanismos como:

  • Adaptaciones a la inmersión: La plantas que viven la mayor parte de su vida sumergidas en el agua no tienen problemas de desecación. Aquí la dificultad está en el intercambio gaseoso, la captación de luz y la resistencia a las corrientes de agua. Por ello las plantas acuáticas desarrollan distintos tipos de hojas: las que están sumergidas serán estrechas y delgadas para favorecer el intercambio de O2 y CO2 y la absorción de luz; las hojas flotantes, sin problemas de captación de luz y gases, serán más gruesas, y redondeadas para favorecer la flotabilidad. Estos dos tipos de hojas los podemos encontrar en la espiga de agua (Potamogeton sp.).

Islas CíesAdaptaciones al viento: Crecimiento almohadillado. Son formaciones vegetales redondeadas y pegadas al suelo para resistir los vientos. Es frecuente encontrar estas adaptaciones en las armerias (Armeria pubigera) que crecen en los acantilados.

  • Adaptaciones al viento: Crecimiento almohadillado. Son formaciones vegetales redondeadas y pegadas al suelo para resistir los vientos. Es frecuente encontrar estas adaptaciones en las armerias (Armeria pubigera) que crecen en los acantilados.
  • Adaptaciones a la insolación: Ocurre principalmente en las dunas donde la reflexión de las arenas incrementa este efecto y aumenta las temperaturas, pero también se pueden encontrar ejemplos en los acantilados. Las plantas desarrollan colores blanquecinos, pelos, recubrimientos de ceras u otras sustancias, cutículas engrosadas, etc. con el fin de reflejar la luz y que no le incida tan directamente. Un ejemplo es la algodonosa (Otanthus maritimus), planta dunar recubierta de pelos.
  • Adaptaciones a la sequía: En playas y dunas la alta porosidad de las arenas dificulta la retención de agua lo que provoca que sean ambientes muy secos y pobres en nutrientes. Para contrarrestar estas adversidades las plantas desarrollan largas raíces para captar agua, como el barrón (Ammophila arenaria), o estructuras para almacenar agua, como los bulbos o tubérculos de la azucena de mar (Pancratium maritimum), o las hojas engrosadas de la oruga de mar (Cakile maritima). Para evitar la pérdida de agua se desarrollan mecanismos que reduzcan la transpiración, como la reducción de la superficie foliar, hojas duras y pinchudas, ceras protectoras de la epidermis, etc.
  • Adaptaciones a la vida en la arena: Además de las problemáticas ya comentadas, la vida en la arena presenta otras dificultades. Es un sustrato móvil que se desplaza con el viento, por lo que deja al descubierto raíces o entierra las plantas, que por otra parte sufren la escasez de nutrientes y el impacto de las arenas en la superficie vegetal que provoca una abrasión en sus tejidos y la flexión de las partes aéreas. El reforzamiento de los tejidos, desarrollo de largas raíces, disminución del tamaño foliar o la asociación con bacterias fijadoras de nitrógeno, son algunas de las adaptaciones para contrarrestar esos efectos. Podemos observar algunos en la rubia de mar (Crucianella maritima) con hojas endurecidas, o en Linaria polygalifolia y el helicriso (Helichrysum picardii) de hojas estrechas.
  • Adaptaciones a la salinidad: La cercanía al mar produce una elevada salinidad en el entorno que va a dificultar la vida de las plantas, ya que obstaculiza la absorción de agua. Las plantas halófilas, que son las especializadas en estos medios, tienen en general un aspecto carnoso pues acumulan sales y agua en sus células para compensar así las concentraciones con el exterior y facilitar la absorción de agua. Otros mecanismos son el ahorro de agua para lo que en muchas especies reducen su superficie foliar, como la Sarcocornia perennis y la Salicornia ramosissima, o la excreción de la sal a través de glándulas, lo que les da un color blanquecino que además impide el calentamiento de los órganos expuestos al sol.

ECOSISTEMAS

En este apartado se abarcan los distintos tipos de vegetación que existen en los cuatro archipiélagos del Parque Nacional. Se han definido ocho grupos de vegetación según el hábitat que ocupan o por el tipo de formación que constituyen.

ROQUEDOS Y ACANTILADOS LITORALES

Son zonas muy influenciadas por el mar, donde el embate de las olas, la alta salinidad y los escasos suelos imponen unas condiciones muy adversas para el desarrollo de las plantas y donde tan sólo la vegetación especializada es capaz de instalarse. El viento también dificulta el crecimiento vegetal al soplar con fuerza en estas zonas, lo que provoca que la vegetación adopte una forma almohadillada que ofrece menos resistencia. Influyen además las colonias de nidificación de aves marinas, principalmente gaviotas, que enriquecen el suelo de sustancias fertilizantes provocando cambios en las comunidades vegetales.

En las Islas Atlánticas estos ecosistemas están ampliamente representados, desde los abruptos acantilados de los archipiélagos de Cíes y Ons a unos más suaves en Sálvora, o los ya más escasos roquedos litorales de Cortegada, donde al estar al abrigo dentro de la ría de Arousa, los factores limitantes anteriormente citados se minimizan.

En los acantilados de Cíes, Ons y Sálvora se distinguen varias cinturas de vegetación según su proximidad al mar. En las zonas más bajas y cercanas al mar, ocupando las grietas de las rocas y muy influenciadas por las salpicaduras del oleaje, se instala una comunidad caracterizada por el perejil de mar (Crithmum maritimum), y la armeria (Armeria pubigera subsp. pubigera). Paralelamente, en sectores más húmedos y umbríos, como las furnas o cuevas marinas, aparece una comunidad dominada por el helecho marino (Asplenium maritimum). A esta cintura de vegetación se le denomina halocasmofítica, término que hace referencia a su resistencia a la salinidad y al crecimiento entre las rocas. En el caso de Cortegada ésta es la única cintura representada, a excepción de la isla Malveira Grande, donde también crecen matorrales de acantilado.

En esta misma franja pero en zonas muy influenciadas por las colonias de aves marinas, la comunidad anterior es sustituida por otra de carácter halonitrófilo, resistente a la salinidad y a altos contenidos en nitrógeno, cuyas especies típicas son la manzanilla marina (Matricaria maritima subsp. maritima), Cochlearia danica y la ortiga (Urtica membranacea).

La siguiente franja de vegetación se sitúa por encima de la anterior y corresponde a los pastizales aerohalófilos. A ella llegan las gotas pulverizadas del oleaje, lo que provoca una alta salinidad a la cual hace referencia el término que les da nombre y que también alude a los fuertes vientos existentes en esta zona. Un mayor desarrollo del suelo permite la instalación de un pastizal dominado, según zonas, por armeria (Armeria pubigera), o por collejas de mar (Silene uniflora) y dactilos marinos (Dactylis glomerata subsp. maritima). La comunidad típica de los pastos de acantilado del noroeste ibérico está dominada por festuca (Festuca rubra subsp. pruinosa) y zanahoria marina (Daucus carota subsp. gummifer), pero en el Parque sólo es común en Ons, siendo muy escasa en las Cíes por el efecto nitrificante de las colonias de gaviotas. En las áreas con mayor influencia de estas colonias, estas comunidades se modifican y en ellas encontramos plantas con un carácter halonitrófilo más marcado, como el heno blanco (Holcus lanatus) o la angélica (Angelica pachycarpa). En las laderas con orientación sur y ligada a esta influencia, se presenta una comunidad endémica del sur de Galicia, formada por caléndula marina (Calendula suffruticosa subsp. algarbiensis) y parietaria (Parietaria judaica).

Por último, se sitúa en la parte superior del acantilado la cintura menos influenciada por las salpicaduras marinas, la del matorral costero, de acantilado o aerohalófilo. Esta franja la constituye fundamentalmente una subespecie de tojo endémica galaico-portuguesa (Ulex europaeus subsp. latebracteatus), muy adaptado a la duras condiciones ecológicas que se dan en este medio. Lo acompañan especies herbáceas comunes en los pastos aerohalófilos como Silene uniflora, angélica (Angelica pachycarpa) o la margarita grande de cantil (Leucanthemum merinoi), endémicas de las costas gallegas y norte de Portugal, Dactylis glomerata subsp. maritima, y varias especies leñosas de óptimo mediterráneo, como el jaguarzo negro (Cistus salvifolius), torvisco (Daphne gnidium) o retama loca (Osyris alba). Este matorral sobrepasa el dominio del acantilado para internarse en la parte este de la islas. En algunas laderas se instalan también espinares de endrino (Prunus spinosa), tratados en el apartado de matorral.

LA ALTA CONCENTRACIÓN DE AVES MARINAS EN LOS ACANTILADOS PROVOCA IMPORTANTES CAMBIOS EN LA VEGETACIÓN DOMINANTE

La vegetación característica de la mayoría de las zonas de acantilado de las Islas Atlánticas no se corresponde con la comunidad típica de esta misma cintura de vegetación en el resto de Galicia. En los acantilados existen condiciones que dificultan la vida vegetal como los fuertes vientos o la alta salinidad, y en una buena parte de las Islas Atlánticas existe además otro factor que la condiciona: la existencia de las colonias de aves marinas, especialmente de gaviota patiamarilla.

Así, en estos acantilados los principales procesos de alteración son el pisoteo y escarbaduras de las aves y el aporte de nutrientes que suponen sus excrementos. En los análisis realizados en los suelos de las Islas Cíes, se encontraron valores significativamente mayores de nitrógeno y otros compuestos que aparecen en altas concentraciones en los excrementos de gaviota. Como resultado, se encuentran comunidades vegetales de marcado carácter nitrófilo, con especies como el heno blanco (Holcus lanatus), angélica (Angelica pachycarpa) o la ortiga (Urtica membranacea), que las diferencian de las comunidades típicas gallegas.

Esta vegetación modelada por las colonias de gaviota forma parte del paisaje de las islas, siempre condicionado por el mar y en este caso por estas aves que viven en estrecha relación con él.

Playas y dunas

Al igual que los acantilados, estos medios ofrecen unas condiciones de extrema dureza para el desarrollo de comunidades vegetales. Son hábitats que soportan altas insolaciones y una elevada sequedad y salinidad, con un sustrato muy pobre en nutrientes, y debido a los vientos y a la ligereza de las arenas sufren movimientos y cambios constantes. Estas características les exigen a las especies que allí se instalan una alta especialización, distribuyéndose las distintas comunidades en franjas según la distancia al mar.

La primera franja corresponde a la vegetación de playas, presente en todos los archipiélagos del Parque Nacional pero no en todas las playas. Aquí va a crecer un pequeño número de especies nitrófilas con un ciclo de vida corto, relacionadas con los arribazones marinos o los restos orgánicos de origen humano, y afectadas por el arrastre de las mareas. Se caracteriza por una asociación vegetal en la que destaca la oruga de mar (Cakile maritima) acompañada por honquenia (Honkenya peploides) y corregüela marina (Polygonum maritimum) entre otras.

En cuanto a la vegetación dunar, está presente en los sistemas dunares existentes en los archipiélagos de Cíes, Ons y Sálvora como es el caso del complejo dunar de Figueiras-Muxieiro y el de la playa de San Martiño, ambas en las Cíes, la playa de Melide en las Ons o la playa de Lagos en Sálvora.

El primer frente dunar o dunas primarias es el que se sitúa más cerca de la costa, en una zona muy expuesta a la dinámica marina, de modo que con frecuencia es arrasado por el oleaje y la colonización vegetal debe volver a iniciarse. Allí se instala fundamentalmente la grama marina (Elytrigia juncea subsp. borealis), que con sus largas raíces es capaz de fijarse al sustrato y soportar tanto el efecto del oleaje durante las mareas vivas como del viento y de esta forma ir fijando arena tras de sí. Le acompañan otras especies como el cardo marino (Eryngium maritimun) o la corregüela marítima (Calystegia soldanella)

Las dunas secundarias forman el segundo cinturón de vegetación. Aún son dunas móviles pero las condiciones no son tan inestables como en el caso anterior. Esto permite la instalación de una mayor variedad de especies que van a fijar gran cantidad de sustrato, actuando así como reservorios de arena que contribuyen al equilibrio de la playa, un sistema en constante movimiento debido al viento y al mar que lo erosionan y al mismo tiempo posibilitan su formación. Es característico de esta franja el barrón (Ammophila arenaria) que coloniza las crestas dunares gracias a sus raíces de hasta 4 metros de profundidad que le posibilitan fijarse y tener éxito en este medio donde el aire sopla con más fuerza y la morfología dunar es variable. Otras especies que la acompañan son la algodonosa (Otanthus maritimus), la corregüela y la lechetrezna (Euphorbia paralias).

A medida que nos alejamos del mar las condiciones ambientales se suavizan y se forman las dunas terciarias o campos dunares. El efecto del viento y la salinidad disminuye, por lo que aumenta el número de especies que colonizan esta cintura y su grado de cobertura. Se caracteriza por un matorral de especies halófitas dominado por plantas exclusivas del litoral iberoatlántico, como el helicriso (Helycrisum picardii var. virescens), Scrophularia frutescens, la artemisia de playa (Artemisia crithmifolia) o Iberis procumbens; también abunda la rubia de mar (Crucianella maritima). En el archipiélago de las Cíes hay que destacar la presencia en esta comunidad de la Armeria pungens y de la camarina (Corema album).

En los claros de dunas secundarias y terciarias, crecen comunidades anuales caracterizadas por la violeta de dunas (Viola kitaibeliana var. henriquesii) y la colleja de playas (Silene littorea), ambas endemismos ibéricos, mientras que en Sálvora y en menor medida en Ons destaca la presencia de las principales poblaciones ibéricas de Linaria arenaria. En las dunas terciarias también se desarrollan otras comunidades de distribución galaico-portuguesa constituidas por pastizales de pequeño porte, con Linaria polygalifolia y la gramínea Corynephorus canescens como especies características.

Ya por último, más al interior de la duna terciaria, crece un característico matorral de trasduna, que se encuentra únicamente en Cabo Vilán y, en el Parque, en el sistema dunar de Figueiras-Muxieiro, en las Cíes. En él abunda la camarina (Corema album) y el tojo (Ulex europaeus subsp. latebracteatus), que diferencia esta comunidad de otras similares más sureñas.

MATORRALES

La mayor parte de la superficie terrestre del Parque Nacional está cubierta por matorrales, comunidades leñosas autóctonas que presentan diferente composición y naturaleza en los distintos archipiélagos.

La gran mayoría son matorrales costeros ya tratados en el capítulo de vegetación de acantilado, y tienen carácter climácico, etapa madura de la vegetación natural. En otros casos representan etapas previas a la regeneración de la vegetación arbórea en los procesos de sucesión vegetal, con masas impenetrables de tojos (Ulex europaeus subsp. latebracteatus), helechos águila (Pteridium aquilinum) y zarzas (Rubus ulmifolius). En las Cíes esta asociación tiene la particularidad de la ausencia total de brezos (Erica spp.).

En Ons y Sálvora también aparecen brezales húmedos o higrófilos, que crecen en suelos más profundos y húmedos, caracterizados por el brezo (Erica ciliaris) y el cardo Cirsium filipendulum, acompañados por el tojo (Ulex europaeus subsp. latebracteatus).

Otro tipo de vegetación de matorral son los escobonales, formaciones de escobas o retamas, muy escasas en las Cíes y en Cortegada donde están representadas por la especie Cytisus striatus, especie común en la franja litoral. Son más abundantes en Ons, donde Cytisus striatus convive con otra retama de gran interés, recientemente descrita y único endemismo exclusivo del Parque Nacional, Cytisus insularis.

Las formaciones de endrino (Prunus spinosa), ya anteriormente citadas y presentes en todos los archipiélagos del Parque Nacional, están poco estudiadas pero presentan mucho interés ya que corresponden a etapas anteriores a la vegetación arbórea natural, y podrían considerarse como comunidades espinosas autóctonas de orla de bosque, es decir formaciones de pequeño porte ubicadas en la periferia. Se distribuyen en manchas entre los tojales, tanto en las laderas acantiladas occidentales como en la cara oriental, ocupando los suelos más profundos. En Ons y Sálvora aparecen también pies de espino albar o majuelo (Crataegus monogyna) y saúco (Sambucus nigra). En Cortegada, el endrino (Prunus spinosa) se encuentra sólo formando parte del estrato arbustivo.

BOSQUETES AUTÓCTONOS

La vegetación arbórea potencial del Parque Nacional se corresponde con un bosque de robles de ámbito galaico-portugués, caracterizado por especies como el roble carballo (Q. robur), roble melojo (Q.pyrenaica), acebo (Ilex aquifolium), rusco (Ruscus aculeatus), retama (Cytisus striatus), torvisco (Daphne gnidium) y Tamus comunis, entre otras. Sin embargo la situación que nos encontramos es muy distinta: Cíes, Ons y Sálvora apenas presentan vegetación arbolada autóctona, reduciéndose a pequeños grupos aislados de árboles. Esto es debido a las condiciones ambientales de estas islas que favorecen una vegetación de matorral con portes almohadillados, y sólo en las zonas al abrigo en la cara este de las islas es posible el desarrollo de vegetación arbolada.

En Cíes, el arbolado autóctono, sustituido por cultivos forestales de eucaliptos, acacias y pinos, se reduce a un pequeño rodal de roble melojo (Quercus pyrenaica) en la isla de Monteagudo, y algunos ejemplares en la isla de San Martiño, recuerdo de aquellas masas autóctonas que crecían en las laderas abrigadas de las islas. A principios de los años 90 se comenzó a repoblar con especies autóctonas en algunas zonas del archipiélago, por lo que podemos encontrar áreas con madroños (Arbutus unedo), abedules (Betula celtiberica) o robles melojos (Quercus pyrenaica), entre otros.

En Ons los principales vestigios de bosque autóctono están constituidos por los sauces (Salix atrocinerea) que conforman los setos de las fincas u ocupan las proximidades de fuentes y regatos, zonas desde las que se dispersaron a otras áreas de la isla, y algún roble melojo en la parte norte (Quercus pyrenaica) que debió de ser más abundante en el pasado. También crecen saúcos (Sambucus nigra), castaños (Castanea sativa) o laureles (Laurus nobilis), y al igual que en Cíes, existen zonas repobladas con especies autóctonas.

Sálvora tampoco presenta masas arboladas autóctonas, creciendo algunos sauces (Salix atrocinerea) y saúcos (Sambucus nigra) en las zonas de regatos, y laureles (Laurus nobilis) en las proximidades del pueblo.

La situación de Cortegada es bien distinta: arbolada casi en su totalidad, según diversos autores parece que la vegetación boscosa autóctona procede de los setos que rodeaban los campos de cultivo y que colonizaron espontáneamente al ser abandonados a principios del S.XX. Aquí, los árboles jóvenes y el matorral se ven afectados por la presión herbívora de cabras que aún permanecen en la isla y que limitan su crecimiento.

Crece un bosque de robles carballos (Quercus robur), acompañados de laurel (Laurus nobilis), espino albar (Crataegus monogyna), sauces (Salix atrocinerea) y algunos robles melojos (Quercus pyrenaica) y castaños (Castanea sativa) entre otros. La abundancia de sauces y laureles podría clasificar estas áreas como muy ligadas a suelos húmedos. Junto con estos árboles se presentan también la hiedra (Hedera helix), escorodonia (Teucrium scorodonia), madreselva (Lonicera periclymenun), lirio fétido (Iris foetidisima) o la Davallia canariensis, helecho macaronésico que en Cortegada crece sobre robles.

Los laureles de Cortegada ocupan suelos con acumulación de agua. Todavía por estudiar, son formaciones de gran importancia debido a su escasez. Muy abundantes en las zonas bajas de Galicia en el final de la Era Terciaria, la gran mayoría fueron transformadas por el hombre, y en la actualidad la laureda de Cortegada es la de mayor extensión de la Península Ibérica. El sotobosque de estas formaciones es escaso, reduciéndose prácticamente a un tapizado del suelo por la hiedra, acompañada de algunas plantas de escorodonia (Teucrium scorodonia) y dragontea (Arisarum vulgare).

Los sauces (Salix atrocinerea), en suelos permanente o temporalmente encharcados, aparecen en la parte este de la isla como formación monoespecífica y en la zona oeste se mezclan con alisos (Alnus glutinosa).

Hay que resaltar, en Malveira Grande, uno de los islotes de este archipiélago, la existencia de una interesante formación costera dominada por roble melojo (Quercus pyrenaica), al que acompañan algún laurel (Laurus nobilis) y espino albar (Crataegus monogyna).

VEXETACIÓN RUPÍCOLA E PIONEIRA

Se denomina vegetación rupícola aquella que crece en las espacios entre las piedras donde se inicia la formación de suelo. Sería también vegetación rupícola la halocasmofítica de acantilados, pero aquí se trata la vegetación rupícola con apenas influencia marina, comunidad muy común en muros y paredes de toda Galicia. Presente en todos los archipiélagos del Parque Nacional, en peñascos sin influencia halófila, y en el caso de Cortegada, sobre grandes árboles. Se caracteriza por la presencia de ombligo de Venus (Umbilicus rupestris) y de los helechos Polypodium interjectum y Davallia canariensis.

Las comunidades pioneras corresponden a aquellas colonizadoras de roquedos y claros que quedan entre el matorral, ocupando también suelos poco profundos, con siempreviva (Sedum arenarium), Xolantha guttata y ciertas especies de gramíneas.

VEGETACIÓN ACUÁTICA

Vegetación de marisma

Son comunidades vegetales influenciadas directamente por el mar, donde las elevadas concentraciones de sal son el principal condicionante, y que sirven de alimento a muchos seres vivos que dependen de ellas, por lo que su valor ecológico es enorme. Este tipo de vegetación está presente únicamente en el archipiélago de las Cíes, en la zona del Lago, y en el de Cortegada, en los islotes de Briñas y Malveira Chica donde es la vegetación dominante. Las oscilaciones de las mareas provocan la distribución en franjas de la vegetación en función del grado de inmersión.

En la franja sumergida, presente sólo en la laguna de Cíes, viven dos especies de plantas con flor que pueden confundirse con algas por sus hojas acintadas. La Zostera marina está permanentemente sumergida ocupando las zonas más profundas, mientras Zostera noltii se sitúa más cerca de la orilla y aflora a la superficie en la bajamar.

Tanto el archipiélago de Cíes como el de Cortegada presentan vegetación parcialmente sumergida, conformada por asociaciones vegetales de plantas carnosas que acumulan agua en sus tejidos internos como adaptación a la salinidad. Halimione portulacoides, planta de hojas verde-plateadas, acompañada de Salicornia ramosissima y Sarcocornia perennis, son plantas típicas de esta franja.

En las orillas del Lago de Cíes y también en Cortegada, crece una comunidad adaptada a los altos contenidos de sal y nitratos, ligada a restos orgánicos que deposita el mar, con Elytrigia atherica, Agrostis stolonifera y Suaeda maritima.

En la parte alta de estas zonas se instala una junquera de Juncus maritimus con Triglochin maritima o Spergularia media. En la Malveira chica a Crambe hispanica le acompaña la malva Lavatera cretica que quizás es la que le da nombre a esta isla.

Vegetación de agua dulce

Aún sin estudiar, se encuentran en Sálvora comunidades vegetales acuáticas de aguas dulces, ubicadas en las pequeñas charcas cercanas a fuentes. Son comunidades flotantes, que tienen sus hojas en la superficie del agua y enraízan en el fondo como la espiga de agua (Potamogeton sp.).

VEGETACIÓN NITRÓFILA

Se incluye en este apartado la vegetación que tiene preferencia por los medios ricos en nitrógeno, tanto la que crece en los sembrados como la que habita en zonas alteradas por el hombre como bordes de caminos. La alta concentración de nitrógeno es debida a la acumulación de residuos orgánicos o al abonado de tierras y, dado que en todos los archipiélagos del Parque existieron o existen asentamientos humanos, es fácilmente comprensible que esta vegetación aparezca en todos ellos.

Los hermanos Guitián diferencian, en su estudio sobre Cíes, dos comunidades: una que ocupa muros y paredes, con parietaria (Parietaria judaica) y Cymbalaria muralis y otra de zonas umbrías con apio de caballo (Smyrnium olusatrum). Además, en el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de las Islas Atlánticas, se citan otras comunidades nitrófilas como la que ocupa gran parte de los cultivos abandonados en la Isla de Ons con hinojo (Foeniculum vulgare), fase anterior a la instalación de los escobonales, o la encontrada en los pastizales aerohalófilos en los acantilados de los islotes de Sálvora, en Boeiro (Cíes) y en el Centulo (Ons), con la malva (Lavatera arborea) y la falsa acelga (Atriplex postrata).

MASAS DE ARBOLADO ALÓCTONO

En los años 50 se produjo una importante plantación de cultivos forestales, principalmente en el archipiélago de Cíes, que se extendieron conformando una parte importante de su paisaje. Estas plantaciones se realizaron principalmente con eucalipto (Eucaliptus globulus) y pino marítimo (Pinus pinaster), ambas especies presentes en los cuatro archipiélagos del Parque. Además existe una masa importante de acacia negra (Acacia melanoxylon) que, aunque no fue introducida como cultivo, colonizó gran parte de la superficie de Cíes y algo de Ons. Estas masas no revierten mucho interés botánico ya que albergan un escaso o nulo sotobosque, siendo la de pino marítimo (Pinus pinaster) la de mayor diversidad florística.

Otras especies forestales alóctonas presentes en el Parque son la falsa acacia (Robinia pseudoacacia), el pino insigne (Pinus radiata), pino piñonero (Pinus pinea), y en menor medida, cipreses (Cupresus spp.), plátanos (Platanus hybrida) o chopos (Populus nigra).

Hongos, musgos y líquenes

Se agrupan en este apartado tres conjuntos de seres vivos poco conocidos por el público general pero no por ello menos importantes, ya que juegan un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas. En el ámbito del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia también son grandes desconocidos pues la información que se dispone de ellos es escasa, por lo que daremos características generales de hongos y musgos y profundizaremos más en los líquenes al disponer de más información.

HONGOS

De estos tres grupos los más conocidos son sin duda los hongos, ya que comparten muchos aspectos de nuestras vidas: han adquirido gran importancia en la alimentación y en la industria farmacéutica, juegan un importante papel en la cadena alimenticia como descomponedores de restos orgánicos y son conocidos por los mohos de las paredes, las levaduras, los hongos de la piel, parásitos de plantas, etc.

Aunque estuvieron incluidos en el reino vegetal, actualmente se les considera un reino aparte dado que apenas comparten con las plantas más que la forma de reproducción y su inmovilidad. Los hongos, a diferencia de las plantas, no poseen ningún pigmento fotosintético como puede ser la clorofila, por lo que no se alimentan igual que ellas. Necesitan materia orgánica ya elaborada para poder sintetizar la suya propia, al igual que los animales, característica que les obliga a vivir a expensas de otros seres vivos o de sustratos orgánicos previamente transformados.

De los escasos estudios sobre hongos en el Parque Nacional cabe destacar la presencia en Cortegada de varias especies no catalogadas hasta el momento en Galicia como Bisporella sulfurina o Callistosporium xanthophyllum, o la nueva variedad descrita Hypoxilon cohaerens var. microsporum.

MUSGOS

Los musgos o briófitos están considerados como plantas no vasculares, término que nos indica que no tienen los vasos conductores para el transporte de agua y nutrientes que poseen las plantas vasculares (las más conocidas por todos); también difieren de ellas en que no poseen verdaderas hojas, tallos y raíces.

Los musgos colonizan gran diversidad de ambientes, siendo muchas veces, junto con los líquenes, pioneros en la colonización vegetal de superficies desnudas, donde otros vegetales no podrían instalarse. Al no poseer una pared externa impermeable la mayoría deben crecer en ambientes húmedos para evitar pérdidas de agua.

Los musgos, al igual que los líquenes, son indicadores de contaminación dada su alta sensibilidad, especialmente a contaminantes gaseosos.

LÍQUENES

Tal vez son el grupo que pasa más desapercibido a pesar de estar presente en multitud de lugares conocidos, desde las paredes de los edificios hasta los troncos de los árboles. Los líquenes son plantas muy curiosas, en las que tras la apariencia de un vegetal seco se esconden dos organismos, un hongo y un alga que viven en perfecta asociación, de la que ambos se benefician, en lo que se conoce como simbiosis. El alga proporciona los nutrientes orgánicos debido a sus pigmentos asimiladores, mientras el hongo, gracias a la masa de sus filamentos, ofrece soporte a las algas y evita su deshidratación. Esta conjunción da lugar a los líquenes, que poco tienen que ver con las algas y los hongos por separado. Adoptan formas muy variadas, pudiendo ser planos, acintados, ramificados,…

Son capaces de soportar condiciones muy extremas, desde las temperaturas gélidas de los polos hasta el calor de los desiertos cálidos, por lo que colonizan multitud de ambientes, y aunque su crecimiento es óptimo en las zonas donde el aire está continuamente húmedo, pueden soportar una completa desecación.

Como se comenta en el apartado de los musgos, los líquenes también son indicadores de la contaminación por su sensibilidad, especialmente al dióxido de azufre (SO2) que es emitido por ejemplo por el escape de los coches. Es por ello que en el centro de las grandes urbes muchas especies de líquenes desaparecen.

Existen varias publicaciones sobre los líquenes de las Islas Atlánticas, en las que se subrayan especies únicas en Europa, otras nunca citadas antes en Galicia e incluso nuevas especies. En los archipiélagos de Cíes y Sálvora destacan por estar con diferentes categorías de amenaza en la “Lista roja de macrolíquenes de la UE”: Parmelia hypoleucina que crece en las Cíes, siendo una nueva cita gallega; Teloschistes flavicans, liquen fruticuloso, amarillo, que vive preferentemente cerca de la costa, está en las Cíes y es una especie en regresión en Europa por la contaminación; Physcia scopulorum, única cita en España en las Cíes y en Sálvora y Degelia atlantica, en Cíes y Sálvora, sobre rocas y en lugares con cierta humedad. En Sálvora se encuentran los líquenes Gelatinopsis roccellae, nueva especie descrita para el NW de España y Lecanographa dialeuca, conocida previamente sólo en la Región Macaronésica.

En Cortegada destacan los líquenes propios de lugares húmedos y protegidos como Baeomyces rufus que ocupa rocas o suelos, Porpidia tuberculosa, liquen blanquecino que vive sobre rocas silíceas ácidas y básicas o Sticta sylvatica en rocas con musgos y cortezas de los árboles caducifolios en bosque húmedos.

En Ons, cuya superficie está cubierta en gran medida por matorral, la diversidad de líquenes es menor. Es importante Buellia fimbriata ya que hasta ahora sólo era conocido en la zona mediterránea.

Medio Marino

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Aunque los fondos marinos de las islas albergan gran parte de la fauna total del Parque Nacional, no por esto es menos importante la fauna terrestre. Así, el aislamiento del continente, las particulares condiciones microclimáticas de cada archipiélago, y la extraordinaria riqueza en recursos marinos de sus aguas, hacen que la fauna terrestre de las Islas Atlánticas constituya también un patriminio natural único.

Las Islas Atlánticas de Galicia son, junto con el Archipiélago de Cabrera en el Mediterráneo, uno de los dos Parques Nacionales Marítimo-Terrestres que existen en nuestro país. Como su figura de protección indica, el mar tiene un papel fundamental en estos espacios naturales. En nuestro caso, aproximadamente el 85% de la superficie protegida corresponde al dominio del océano, alcanzando profundidades de 70 metros en algunos puntos, y los fondos marinos son precisamente una de las principales razones que motivaron la declaración de estas islas como Parque Nacional.

En ellas, el medio marino no sólo destaca por sus valores y su representatividad sobre el terrestre, sino que también ejerce una gran influencia sobre éste.  A pesar de los factores que las amenazan, en estos fondos encontramos comunidades en muy buen estado de conservación, y puede decirse que los ecosistemas submarinos son los de mayor valor  del Parque. Ni tan siquiera saliendo del agua podemos alejarnos del mar, ya que su proximidad condiciona fuertemente las zonas emergidas, siendo probablemente el factor más determinante para la vida que se desarrolla en ellas.
 
La zona marina de las Islas Atlánticas presenta un elevado valor ecológico y un gran atractivo tanto por los espectaculares paisajes sumergidos  que  aquí podemos  encontrar como por su riqueza en fauna y flora, ya sea bentónica (que vive sobre el fondo), planctónica (los organismos que viven en la columna de agua, dejándose llevar por los movimientos de la misma) o nectónica (aquellos que se oponen a las corrientes con su propio movimiento).

La biodiversidad que caracteriza este medio marino es consecuencia de sus particulares condiciones oceanográficas y de los múltiples  hábitats  que  en él se encuentran, que crean unas condiciones idóneas para el asentamiento y desarrollo de una gran variedad de comunidades representativas de los fondos atlánticos gallegos.

Condiciones oceanográficas

De la misma forma que las plantas y animales que viven en una montaña se han de adaptar obligatoriamente al frío o al viento, la vida en el mar está en gran medida determinada por las condiciones físicas y los movimientos que en él se dan.

LAS CORRIENTES

Las corrientes marinas desempeñan un papel muy importante en los fenómenos biológicos, influyendo en la salinidad, la temperatura o la turbidez del agua y creando condiciones favorables para el desarrollo de los organismos, que a su vez se han adaptado a aprovechar las propiedades de las corrientes.

El mecanismo primario que origina las corrientes está constituido por la energía del Sol. La radiación solar calienta la atmósfera y origina los vientos que ponen en movimiento extensos trechos de la superficie oceánica y dan lugar a la circulación superficial. Además, la energía solar, al provocar variaciones en la temperatura y la salinidad por calentamiento o evaporación, causa también las diferencias de densidad en el agua de mar que constituyen el motor de las corrientes profundas, dada la tendencia de las masas de agua más densa (más frías o más salinas) a situarse por debajo de aquellas que tienen menos densidad.

En los siguientes apartados se detalla como en la costa gallega se percibe la importante influencia tanto de las corrientes superficiales (la corriente del Golfo que trae hasta aquí aguas cálidas del ecuador) como de las masas de agua que se mueven en profundidad, entre las que se encuentran desde aguas de origen mediterráneo hasta las aguas frías de origen noratlántico que jugarán un papel fundamental en los afloramientos.

LA TEMPERATURA

El océano presenta una mayor estabilidad térmica que la tierra, debido a que hace falta más energía para calentar el agua que el suelo, siendo los rangos de temperaturas mucho menores en el mar que en el medio emergido. Ésta es la razón por la que normalmente para una misma zona geográfica, el clima sea más suave en la costa que en las zonas de interior.

La temperatura del agua depende en gran medida de la latitud y de la existencia de corrientes marinas frías o cálidas, ocurriendo las variaciones más importantes en superficie, más influenciada por la radiación solar y los fenómenos atmosféricos. Hasta las costas de Galicia, como las de toda Europa occidental, llega la corriente del Golfo, aguas superficiales cálidas procedentes del Caribe que suavizan enormemente el clima de la región (la temperatura media de las aguas superficiales en Galicia es de 14ºC,  frente a los 5ºC de la costa norteamericana en la misma latitud).

LA SALINIDAD
 
La salinidad es la cantidad de sales expresada en gramos contenida en un determinado volumen de agua de mar expresado en litros, y se suele escribir como un tanto por mil, ‰. En el mar hay muchas sales disueltas, de las que la más común es el cloruro sódico, aunque hay pequeñas cantidades de muchas otras como el cloruro o sulfato de magnesio, sulfato de calcio, cloruro de potasio, etc.

La salinidad media de las aguas marinas oscila entre 33 y 36‰, pero en el litoral y en la superficie puede llegar a sufrir grandes oscilaciones debido a factores meteorológicos, aportes fluviales, corrientes, vientos, etc. En la boca de las rías donde están situados los tres archipiélagos principales del Parque tiene unos valores estables próximos al 35‰, y se observa una mayor salinidad en la parte sur, como consecuencia del desagüe de las rías por la boca norte con el consiguiente aporte de aguas dulces de los ríos.

LAS MAREAS: EL EMPUJE DE LA LUNA

Las mareas son movimientos oscilatorios de las aguas oceánicas que producen alternativamente un aumento del nivel del mar, llamado marea alta o pleamar, y un descenso de éste, llamado marea baja o bajamar.

Ya en el siglo XVIII se identificó la atracción gravitatoria que sobre la Tierra ejercen la Luna y el Sol como la causa que produce este fenómeno. La Luna, que  se encuentra mucho más cerca de la Tierra que el Sol, produce una atracción sobre las grandes masas de agua que se encuentran en la cara de nuestro planeta situada más cerca de ella en cada momento. De esta forma se forma un abombamiento del océano y se origina una ola muy larga, cuya cresta corresponde a la pleamar y su seno a la bajamar.

En nuestra costa se alterna una pleamar con una bajamar cada 6 horas y 12 minutos aproximadamente: así, aunque con cierto desfase horario, tenemos dos pleamares y dos bajamares cada día. La amplitud de la marea llega aquí a 4 metros, pero también se dan variaciones temporales dentro de una misma zona debido a la posición relativa de la Tierra, el Sol y la Luna. Cuando los tres están alineados, en las proximidades del plenilunio y del novilunio, las fuerzas  de atracción del Sol y la Luna se suman, dando como resultado mareas de mayor amplitud, con pleamares más altas y bajamares más bajas, llamadas mareas vivas. La amplitud va disminuyendo gradualmente hasta que,  en  cuarto  creciente o menguante, los astros se disponen formando un ángulo recto y la fuerza gravitatoria del Sol contrarresta la de la Luna, dando lugar a mareas de escasa amplitud llamadas mareas muertas.

Estas variaciones periódicas tienen una gran trascendencia sobre los organismos que viven en la zona litoral, que deben adaptarse al cambio drástico de sus condiciones de vida cada seis horas.

LOS AFLORAMIENTOS: FUENTE DE VIDA

La riqueza de las aguas de las islas tiene su base en un fenómeno de afloramiento local. Debido a la rotación de la Tierra, las corrientes en el hemisferio Norte tienden a desviar su trayectoria hacia la derecha. En la costa gallega los vientos dominantes durante los meses de primavera-verano proceden del norte, de forma que el agua superficial que arrastran se ve empujada hacia el exterior de las rías. Así, durante este período, el espacio que deja es ocupado por aguas frías profundas que ascienden hacia la costa; este fenómeno se ve acentuado, por una parte, por la dirección constante de los vientos durante estos meses, y, por otra, por la relativa poca profundidad de las rías, que hace que el agua del fondo llegue con facilidad a la superficie, sin necesidad de que los vientos sean fuertes.

El agua que aflora es rica en nutrientes, que quedan a disposición de los organismos que habitan en la zona superficial iluminada, entre los que se encuentran las microalgas que forman parte del plancton y que constituyen la base de la cadena alimenticia. La disponibilidad de nutrientes, unida a las altas temperaturas y la abundancia de luz propias de estos meses, produce un importante incremento en las poblaciones de   estos  vegetales  y  de  una  rica  fauna marina, a la que aquellos sirven de alimento.

Distribución de los organismos en el ecosistema litoral y zonificación

La presencia de animales y vegetales en la zona costera va a venir determinada por una serie de factores ambientales como el sustrato, la luz, las corrientes, el oleaje, los nutrientes o las relaciones con otras especies. La variación de estos factores ocasiona una zonación de aquellos organismos marinos que viven sobre el fondo, denominados organismos bentónicos, y que ocuparán una franja determinada en función de sus necesidades y sus limitaciones.

Dentro de la zona litoral, frontera entre el océano y la tierra, se distinguen diversos ambientes bentónicos, que se hacen especialmente evidentes en las costas rocosas:

  • El supramareal, situado por encima del nivel más alto de las pleamares vivas. Sólo llegan las salpicaduras de las olas y aunque la atmósfera está cargada de sal, las condiciones imperantes son terrestres.
  • El intermareal o mesolitoral, comprendido entre las mareas más altas y más bajas del año, y que se divide a su vez en mesolitoral superior, medio e inferior. Es un nivel muy selectivo, ya que en él se dan, cada 6 horas, cambios drásticos de temperatura, salinidad, humedad y turbulencia. La capacidad de soportar estas condiciones durante más o menos tiempo determina la distribución vertical de los organismos, que sin embargo disfrutan de algunas ventajas como son las aguas bien oxigenadas, la luz o el alimento abundante.
  • El submareal o infralitoral, ya absolutamente marino, comprende desde el límite inferior del intermareal hasta el límite inferior de distribución de las algas fotófilas (aquellas que prefieren las zonas iluminadas para su asentamiento), aproximadamente a 30 metros de profundidad. La turbulencia por el oleaje es aquí mucho menor y los factores físico-químicos no son tan variables.
  • El circalitoral es aquella zona escasamente iluminada situada por debajo del límite inferior del infralitoral hasta el borde de la plataforma continental (superficie submarina de poca pendiente que se extiende en las proximidades de la costa)  aproximadamente a 200 metros de profundidad, y por tanto en su mayor parte fuera de los dominios del Parque Nacional. Aquí se asientan todavía comunidades de algas adaptadas a bajas intensidades de luz, que son progresivamente sustituidas por comunidades exclusivamente animales.

En cada uno de estos ambientes, se observan también claras diferencias en base a si se trata de un tramo de costa expuesto, semiexpuesto o protegido, y en función del tipo de sustrato, que puede ser rocoso o un fondo móvil (arena, fango, cascajo...).

Además, haremos referencia a la zona pelágica al hablar de la columna de agua desde la superficie hasta la máxima profundidad, donde encontramos organismos que no necesitan estar en contacto con el fondo.

Los roquedos

La característica que identifica inequívocamente los roquedos litorales es sin duda la turbulencia del agua, que es la que erosiona y modela la costa. Es también el primer problema que deben superar los organismos que habitan en ellos, para lo que deben desarrollar mecanismos que les permitan mantenerse fijos al sustrato y evitar ser destruidos en cada golpe de mar. Las adaptaciones que estos organismos han desarrollado se pueden agrupar en:

  • aquellas que implican el desarrollo de elementos de protección como los caparazones de los bígaros o las conchas de los mejillones, y que tienen como objetivo impedir ser aplastados por el mar.
  • las que implican la creación de elementos de anclaje al sustrato, como en el caso de las algas o los mejillones, cuyo fin es no ser arrastrados por las corrientes.

Gracias a esta turbulencia, el agua costera está prácticamente saturada de oxígeno y hay gran cantidad de materia orgánica en suspensión debido a que la fuerza del agua deshace todo tipo de organismos muertos.

Esto, junto con la gran variedad de hábitats creados en las zonas rocosas, como grietas, cuevas, paredes, etc., explica la gran diversidad específica de estos ambientes, que a su vez hace que exista una elevada competencia por el espacio. Así, aquí las comunidades están caracterizadas por la presencia mayoritaria de una especie que se ve favorecida por las condiciones imperantes y que va siendo sustituida por otra conforme las mismas van cambiando a lo largo del supramareal, intermareal y submareal.

SUPRAMAREAL
 
La mayor parte de sus habitantes son organismos típicamente terrestres como plantas o líquenes que se han adaptado a vivir en este ambiente cargado de sal. Los únicos representantes de fauna marina son el bígaro enano (Littorina neritoides), pequeño caracol marino de color marrón que vive en grietas y huecos en las rocas, y la cochinilla de mar (Ligia oceanica), que se esconde bajo las piedras y sale por las noches a alimentarse de algas.

INTERMAREAL

Caracterizado por su alta diversidad, en él observamos una zonación bastante marcada en los organismos que la habitan en función del tiempo que cada franja pasa emergida.

Se asientan aquí grandes áreas dominadas por mejillón (Mytilus galloprovincialis) y, en las zonas más expuestas al embate del mar, de percebe (Pollicipes cornucopia), sobre una base de bellotas de mar (crustáceos balanomorfos) de los géneros Balanus y Chthamalus, entre los que también viven el bígaro Littorina neritoides y la lapa (Patella spp.).

Las lapas constituyen un buen ejemplo de las adaptaciones de los animales que viven en esta zona para evitar la desecación: se adhieren con tal fuerza a la roca que el cierre es hermético y queda agua en la parte interna; al subir la marea empiezan a moverse lentamente en busca de alimento, pero cuando vuelve a bajar se adhieren de nuevo en el mismo punto.

En lo que se refiere a las algas, son abundantes las calcáreas incrustantes del género Lithophyllum, las que viven sobre otras especies como la pequeña alga roja Ceramium rubrum sobre los caparazones de los mejillones, y algunas otras especies como la coralina (Corallina elongata), Gelidium sesquipedale, el musgo de Irlanda (Chondrus crispus) y las del género Fucus.

Entre los gasterópodos que viven aquí están los bígaros (Littorina spp.), la peonza (Monodonta lineata) o Nucella lapilus, depredador que se alimenta de lapas, bellotas de mar o mejillones, perforando la concha con su sistema dentario para comer la parte blanda del animal. También el erizo de mar común (Paracentrotus lividus), el cangrejo corredor (Pachygrapsus marmoratus), las actinias (Actinia spp.) o la estrella de mar amarilla (Marthasterias glacialis) que basa su alimentación en el mejillón, habitan este nivel.

Todos estos animales y plantas compiten por un lugar donde asentarse, llegando a constituir un verdadero tapiz multicolor sobre las paredes.

Éstas y otras muchas especies que soportan peor la desecación viven sumergidas en las charcas donde buscan refugio al bajar la marea; entre ellas encontramos   las  anémonas  (Anemonia sulcata),  los camarones (Palaemon serratus) y los blénidos (Blennius spp.), excelentemente adaptados a la vida en este medio.

SUBMAREAL

Destacan los bosques de grandes algas pardas, por estar considerados una de las comunidades del litoral español que mayor riqueza específica alberga. Están formados por Saccorhiza polyschides, Laminaria ochroleuca y Laminaria hyperborea, especies de algas de gran talla que pueden alcanzar los 2,5 m, fijadas fuertemente al sustrato en zonas expuestas o semiexpuestas. Como si fueran grandes árboles, permiten que multitud de animales y vegetales vivan entre ellas y sobre ellas, de forma que gran diversidad de especies encuentran su hábitat ideal en este ecosistema que funciona como un verdadero bosque. En cuanto a los vegetales, albergan un rico sotobosque de algas rojas que también pueden crecer sobre las propias laminarias.

Estas zonas proveen de alimento y refugio a muchas especies animales como gusanos poliquetos, la oreja de mar (Haliotis tuberculata),  la   lapa   Helcium   pellucidum,  que  se alimenta de las laminarias, la nécora (Necora puber) o la centolla (Maja squinado). Las centollas se camuflan enganchándose fragmentos de algas, esponjas y otros organismos en el caparazón y las patas, lo que les permite pasar inadvertidas en sus horas de reposo.

La morfología del sustrato es condicionante para determinar los organismos que se asientan en cada zona. Así, donde se hace vertical encontramos equinodermos crinoideos (Antedon bifida) y ofiuroideos (Ophiotrix fragilis), y en zonas de cuevas y grietas, poblaciones de los corales blandos mano de muerto (Alcyonium spp.), gorgonias (Lophogorgia sp. y Eunicella sp.) y la esponja Cliona celata. En las zonas donde hay pequeñas cuevas también se refugia el pulpo (Octopus vulgaris).

En época estival son comunes los nudibranquios o babosas marinas, con vivos colores que advierten de su toxicidad para disuadir a los depredadores.

También son muchos los peces que encuentran refugio  y  alimento  en  este  particular  bosque,  como  el abadejo (Pollachius pollachius), el congrio (Conger conger), el mero (Polyprion americanus), los góbidos o los blénidos.

Formando parte del sotobosque de laminarias, así como en zonas libres del mismo, se encuentra el alga parda Cystoseira baccata, cuyas poblaciones, aunque no albergan una gran riqueza específica, nos indican la existencia de las aguas limpias libres de contaminación que necesita para su desarrollo.

Es frecuente la existencia de “campos” de anémonas entre los bosques de algas pardas, que tienen su origen en la acción herbívora de los erizos comunes. Esta acción controla y limita la expansión del bosque de algas pardas, lo que a su vez favorece el crecimiento de algas calcáreas incrustantes del género Litophyllum sobre las que se asienta la anémona Anemonia viridis que forma estos “campos”.

Los fondos móviles: la vida se entierra

En zonas con menor hidrodinamismo en las que predomina la sedimentación sobre la erosión, encontramos fondos con sustratos móviles, constituidos por materiales sueltos. El denominador común es el hecho de que el oleaje y las corrientes remueven la capa superficial de sedimento de forma constante, aunque en mayor o menor grado dependiendo del grado de exposición de la zona concreta. Esta movilidad del sustrato dificulta la fijación de especies sobre él, de forma que la mayoría de los organismos viven enterrados en el sedimento aunque manteniendo siempre la comunicación con la superficie (endofauna), o bien desplazándose sobre él o aprovechando fragmentos de conchas para anclarse. Esto hace que la primera impresión al observar los fondos de sustratos móviles sea de pobreza, de estar observando un desierto, cuando la  realidad es que encierran poblaciones animales numerosas. En el Parque los principales fondos móviles que se encuentran son los de arena, maërl y cascajo, aunque en los fondos alrededor de Cortegada y en el Lago de Cíes se encuentran también zonas fangosas.

Fondos de Arena

Son zonas de sedimentación en las que el agua pierde fuerza y deposita los materiales que arrastraba. Cuando se forman en zonas más abrigadas, son arenas finas con gran proporción de arcillas y limos, pero en el caso de las islas, en zonas más abiertas, lo que se dan son arenales con partículas de tamaño medio y grande (excepto en Cortegada, donde las arenas son de grano fino). Estos elementos están en movimiento continuo debido al mar y, en la parte subaérea, al viento; como consecuencia se puede encontrar una zonación de los organismos dependiendo de las condiciones reinantes, pero es especialmente complicado definir horizontes verticales de distribución como en el caso de los roquedos.

SUPRAMAREAL E INTERMAREAL: LAS PLAYAS

En la parte más alta de la playa, que sólo se humedece en las pleamares, destaca la presencia de la pulga de arena (Talitrus saltator), gran saltadora que durante el día se mantiene enterrada a escasa profundidad para evitar la desecación.

En la franja más próxima al agua, el constante subir y bajar de la marea y las olas están constantemente barriendo el fondo, de manera que la presencia de macrofauna es prácticamente nula, y las únicas algas que encontramos son microscópicas.

SUBMAREAL

Al igual que en las zonas supramareal e intermareal, las algas encontradas son predominantemente microalgas, aunque en rocas aisladas entre la arena aprovechan para anclarse especies como Cystoseira tamariscifolia o Dyctiota dichotoma. En las zonas más protegidas e iluminadas aparecen Padina pavonia, Taonia atomaria y Colpomenia peregrina.

Aquí la abundancia de especies aumenta con respecto   a   las   playas.  Dominan   las  poblaciones  arenícolas  de moluscos bivalvos, como la vieira (Pecten maximus) o la volandeira (Aequipecten opercularis),   que baten rápidamente las  dos  valvas (o conchas) para desplazarse. También se encuentran bancos de berberecho (Cerastoderma edule), almeja babosa (Venerupis pullastra), reloj (Dosinia exoleta) o navajas (Ensis spp.). Estas últimas viven enterradas en madrigueras permanentes y profundas en las que se desplazan hacia la parte superior y proyectan unos apéndices extensibles para respirar y alimentarse mediante filtración.

Los gasterópodos no son tan abundantes como en las zonas de roca, pero son comunes Hinia incrassata y las porcelanitas (Trivia spp.). También es frecuente la sepia (Sepia officinalis) que se camufla perfectamente con el fondo variando el color de la piel.

Entre los crustáceos las especies más representativas son algunas del grupo de los cangrejos como el cangrejo ermitaño Diogenes pugilator que ocupa las conchas de los caracoles que encuentra vacías para proteger su blando abdomen.

El erizo irregular Echinocardium cordatum vive enterrado, alimentándose de la materia orgánica que va mezclada en la arena que ingiere constantemente. Otros equinodermos presentes son las ofiuras y la estrella de mar Astropecten irregularis, voraz depredadora.

Aparecen numerosos peces planos que se mimetizan con el fondo o se entierran levemente, como la solla (Platichthys flesus), el rodaballo (Psetta maxima) o las rayas (Raja spp.). Otros peces que se encuentran enterrados  en  la  arena  son  la  faneca  brava  (Echiichtys vipera), que puede inyectar veneno en los pies de los bañistas que la pisan durante la marea baja, y el lanzón (Ammodytes tobianus), que también podemos encontrar nadando en grandes bancos entre dos aguas.

Además de todos estos organismos, en los arenales vive una diminuta y rica fauna intersticial que habita en los pequeñísimos huecos que existen entre los granos de arena.

Fondos de Maërl

La palabra maërl, de origen bretón, designa a los fondos de coralillo, muy particulares tanto por el sustrato como por la fauna que los habita. Están formados por las algas calcáreas Lithotamnion corallioides y Lithotamnion calcareum, en forma de arbúsculos más o menos libres, ramificados y fuertemente calcificados de varios centímetros de envergadura. 

Esta estructura y su acumulación en vertical en niveles sedimentarios donde únicamente están vivas las algas de la capa superficial, ofrecen una intricada red de refugios que permite que estos fondos alberguen una gran diversidad animal. Entre los animales que viven aquí están la almeja rubia (Venerupis rhomboides), el reloj (Dosinia exoleta), la volandeira (Aequipecten opercularis) o la vieira (Pecten maximus). También es posible encontrar gasterópodos como la peonza maga (Gibbula magus), cangrejos ermitaños de la especie Anapagarus hyndmany, o el cangrejo porcelana (Pisidia longicornis). Por su variedad y abundancia destacan además los poliquetos y pequeños crustáceos como anfípodos e isópodos, y entre los peces podemos destacar los lanzones (Ammodytes tobianus). El anfioxo (Branchiostoma lanceolatum), que también parece un pez aunque es un invertebrado, pasa el día enterrado con la cabeza sobresaliendo.

Además de estas especies que habitan el maërl durante toda su vida, en él se refugian las fases juveniles de otras como la nécora (Necora puber), la centolla (Maja squinado), la sepia (Sepia officinalis) o especies comerciales de peces. La conservación de estas zonas de reclutamiento es de vital importancia, lo que implica una regulación estricta de usos en ellos, ya que son extremadamente frágiles ante toda actividad que suponga arrastre de sedimentos.

Fondos de cascajo

Los fondos de cascajo están formados por grandes restos de conchas de moluscos, sobre todo bivalvos y gasterópodos. Estos restos forman una capa de varios centímetros de espesor en la que viven enterrados la mayoría de los animales que aquí habitan. Los vegetales que aparecen se limitan a algas microscópicas o pequeñas algas incrustantes sobre los fragmentos de conchas o sobre los caparazones de los animales todavía vivos.

También aquí se esconde una variada fauna: bivalvos como la vieira (Pecten maximus), la zamburiña (Chlamys varia), la almeja rubia (Venerupis romboides), el berberecho (Cerastoderma edule), la navaja (Ensis spp.) o el reloj (Dosinia exoleta); gasterópodos como los nasáridos (Nassariidae spp.) o la caracola Charonia lampas; cefalópodos como son la sepia (Sepia officinalis) o el pulpo (Octopus vulgaris); cangrejos ermitaños (Eupagurus spp.); y variedad de gusanos poliquetos, equinodermos, esponjas, ofiuras y holoturias (o pepinos de mar) que viven entre las conchas o sobre ellas, además de peces planos, rayas (Raja spp.), fanecas bravas (Echiichtys vipera), etc., ya mencionados para otros tipos de fondos.

La zona pelágica

En el dominio pelágico, que se extiende desde la superficie del agua hasta la máxima profundidad, se encuentran los organismos que no necesitan estar en contacto con el fondo y que no dependen del mismo de forma directa, aunque pueden hacerlo por el tipo de alimento que ingieren. Se dividen en:

  • plancton: aquellos que se desplazan de forma pasiva, dejándose llevar por las corrientes. A su vez se divide en fitoplancton o plancton vegetal, y zooplancton, compuesto por organismos animales.
  • necton: son capaces de oponerse a las corrientes marinas y se desplazan de forma activa.

El plancton, término que viene del griego y significa vagabundo, está formado en su mayor parte por seres microscópicos, aunque también incluye otros fácilmente visibles como las medusas. A pesar de su pequeño tamaño, estos organismos forman una especie de caldo viviente que constituye la base de las cadenas alimenticias marinas, de manera que rige en gran medida la estructura de los ecosistemas oceánicos.

En los peces, parte del necton, se pueden distinguir los propiamente pelágicos que pasan toda su existencia en la columna de agua o tienen contacto con el fondo sólo en un determinado período de tiempo, y las especies demersales, que viven asociadas indirectamente con el fondo a través del alimento, como sargos (Diplodus spp.) o mújeles (Chelon labrosus), de los que ya hemos hablado en los apartados dedicados a los distintos tipos de fondos.

Los peces pelágicos carecen de colores vistosos, y como ocurre habitualmente en la naturaleza, presentan una coloración críptica, es decir, que imita la de su hábitat natural siendo útil tanto para despistar a un depredador como para acechar a una posible presa. Así, la mayoría tiene el lomo de color azul grisáceo para poder confundirse con el azul del mar al ser avistados desde arriba, y el abdomen plateado para difuminarse con el resplandor de la superficie cuando son vistos desde abajo.

Habitualmente estos peces presentan cuerpos alargados y fusiformes, formas hidrodinámicas que les sirven para alcanzar velocidades más altas, y suelen vivir agrupados en multitudinarios bancos o cardúmenes que constituyen otra forma de buscar protección en el reino de la velocidad de los grandes nadadores.

Entre los peces más abundantes en esta zona, se incluyen los grandes bancos de lanzones (Ammodytes tobianus) o de caballas (Scomber scombrus), y peces solitarios como el pez de San Pedro (Zeus faber).

Por aquí pasan también cetáceos, mamíferos marinos que se han adaptado perfectamente a la vida pelágica y han sufrido importantes modificaciones en la arquitectura y organización del cuerpo que los alejan del patrón típico de los mamíferos y los asemejan a los peces. En el entorno de las islas y desde los barcos que viajan hasta ellas se pueden observar en ocasiones, aunque casi nunca de cerca, el delfín mular (Tursiops truncatus) y el delfín común (Delphinus delphis).

Somergiéndonos en las Islas Atlánticas: La situación de los fondos

La composición geológica y las condiciones oceanográficas de corrientes, oleajes, etc. son los que determinan el tipo de fondo que puede existir en cada zona.

La cara oeste de las Islas Atlánticas, más expuesta al embate continuo del mar, es bastante homogénea en lo que se refiere a fondos marinos, que son, casi en su totalidad, rocosos. La fuerza del océano impide que se depositen aquí sedimentos de pequeño tamaño, y erosiona constantemente la costa formando los acantilados.

En la parte oriental que mira hacia las rías, más protegida, es donde hay mayor variedad de hábitats marinos. Se encuentran distintos tipos de sustratos localizados en diferentes zonas, fruto de su hidrodinamismo y dinámica sedimentaria, y podemos encontrar fondos arenosos, de cascajo o maërl, además de los rocosos.

Cortegada constituye una excepción dentro de las Islas Atlánticas, ya que al estar en la parte más interna de la ría de Arousa, donde el hidrodinamismo es siempre reducido, a su alrededor los fondos están constituidos mayoritariamente por arenas más o menos fangosas.

El medio marino es el principal valor del Parque Nacional, uno de los que fundamentó  su declaración, y probablemente el ecosistema que mejor se conserva en su territorio. Su protección y mejora son uno de los objetivos prioritarios en la gestión de un espacio protegido marítimo-terrestre, para lo que debe tenerse en consideración la especial importancia de estos hábitats.

Como ya se señaló en el apartado correspodiente, debido a su importancia y fragilidad, es conveniente conocer en que zonas podemos encontrar fondos de maërl, con el fin de evitar realizar en ellos cualquier actividad que pueda afectarles negativamente. En Sálvora se encontró maërl en toda la zona al este de la propia isla (entre Sálvora y los islotes de Vionta, Noro, etc.) y también al sur y al este de dichos islotes. En el archipiélago de Ons los fondos de maërl se encuentra en la cara este, entre Melide y Punta Centolo. En Cíes existen fondos de maërl en el canal entre Penela dos Viños y la isla de San Martiño, y también en la zona al sureste de San Martiño (al este del Monte dos Bicos).

Pesca sostenible, una alternativa viable

En estos momentos en que a nivel mundial el 7% de las principales reservas pesqueras está agotado, el 16% explotado en exceso y el 52% plenamente explotado (FAO, Informe bianual sobre el estado mundial de la pesca y la acuicultura, 2005), parece que hablar de pesca implique siempre hablar de algo negativo. Sin embargo hay alternativas viables a esta pesca insostenible, teniendo en cuenta que la gestión de la explotación de los recursos marinos debe compatibilizar objetivos biológicos, económicos y sociales.

Los fondos marinos de las Islas Atlánticas albergan una gran riqueza que ha contribuido a sostener a las poblaciones cercanas a ellas a través de la pesca y el marisqueo. Ha sido esta, en la mayoría de los casos, una pesca artesanal, a pequeña escala y más respetuosa con el medio ambiente que la industrial, ya que las capturas son más reducidas y selectivas.

El objetivo actual es regular esta actividad para compatibilizar la conservación y mejora de este excepcional ecosistema marino con el mantenimiento de la pesca artesanal y sostenible en las aguas del Parque. Las bases para ello son:

  1. la determinación de las artes de pesca y del número de capturas que se consideran compatibles con la conservación
  2. la zonificación marina, que regularía los distintos usos (navegación, fondeo, submarinismo, pesca,…) e incluiría zonas de reserva integral en las que no se permitiría ningún uso y que actuarían como vivero natural que ayude incluso a la regeneración de los ecosistemas marinos externos al Parque.

La regulación de la pesca en el Parque Nacional no sólo hace posible la conservación y el uso sostenible, sino que redunda en beneficios económicos y sociales para toda la comunidad del entorno, convirtiéndose en un factor de cohesión social y en uno de los instrumentos de gestión más poderosos.

Historia y arqueología

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La historia condicionó en las islas situaciones similares debido a su relativa proximidad y su proximidad a la costa: la ocupación monástica, las donaciones a la iglesia, la presencia de invasores en su conquista del continente, la instalación de empresas salazoneras... podemos decir que prácticamente todas las culturas y civilizaciones que existieron en la historia de Europa pasaron por aquí.

Cada una de las islas, por su situación y características particulares, tiene  una historia propia dando lugar a valores patrimoniales y culturales propios; pero unidas todas ellas por su condición de islas, rodeadas de aguas ricas en pesca y marisco que constituyeron parte importante de la dieta de sus pobladores y que hiciceron de ellos expertos marineros. Sus gentes aprendieron a cultivar sus tierras, a utilizar sus plantas, y crearon todo un saber popular único, ahora en peligro de extinción.

De todo ello quedaron las leyendas, supersticiones, e historias que provocaron en exploradores y curiosos aventuras arriesgadas en este singular entorno.

Hoy día, estas islas descubren su riqueza al visitante para que conserve todo este legado.

La protección de los valores naturales de las islas se inicia en 1980 con la declaración de Parque Natural para el archipiélago de las Islas Cíes. Estudios posteriores, y junto con el archipiélago de Ons, otorgan a este espacio natural el título de zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) en el 2001. La visión conjunta de varias áreas costeras e insulares en esta zona del Atlántico derivan en la creación, en el año 2002, del Parque Nacional Marítimo- Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia en la que se incluyen los archipiélagos de Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada. Se integran en el convenio OSPAR en el año 2008.

Archipiélago de Cíes

HISTORIA

Las Cíes fueron territorio de paso del hombre del Paleolítico y Neolítico, y no se llegó a constituir un asentamiento poblacional hasta la Edad del Bronce. De esta época data el poblado de “As Hortas” en la ladera del Monte Faro y otras referencias a estructuras similares en el Alto da Campá, aún sin verificar.

El poblado de “As Hortas”, de tipo castreño-romano por las estructuras y restos encontrados, asocia una serie de abrigos natutales de los que cabe destacar el conocido como “altar druídico”, con apariencia de cráneo y con canales en su superficie, que muchos interpretaron como ara de sacrificio en honor a los dioses. Los “concheiros” encontrados (depósitos formados por restos de conchas, huesos, cerámica, etc.) nos informan de que su alimentación incluía mariscos y peces de las aguas próximas.

Los romanos, que navegaron por el “Mare Tenebrosum”, llamaron a estas islas “Islas de los Dioses”, y en ellas se sitúa la leyenda de Julio César contra los indómitos Herminios- pueblo celta del norte de Portugal que se refugió en las islas ante el acoso romano. Los restos romanos similares encontrados en la isla Sur sugieren un asentamiento o puesto de vigilancia para las naves mercantes, aún sin confirmar.

La invasión sueva, siglo V, fué conocida en estas aguas por sus sangrientos ataques, pero no quedan testimonios de ellos en estas islas. El legado romano de la cristianización en todo el territorio gallego, que llegó a convertir a los fieros suevos, fué el origen de la proliferación de órdenes religiosas en la Edad Media. Por este tiempo –siglo VI- se instalaron en las islas Cíes dos conventos-eremitorios: na illa do Medio con advocación a San Esteban, y en la isla Sur a San Martín.

Tras los suevos, las islas fueron testigo de la invasión musulmana en los siglos VII y VIII, aunque los monjes y pobladores que vivían en las islas non fueron atacados. Posteriormente, las islas se donaron a la catedral de Santiago  en el año 899 por el rey Alfonso  III y los monjes que allí se instalaron ejercieron funciones de control y administración sobre la pequeña población isleña.

No obstante, el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago atrajo a los normandos que atacaron estas islas y destruyeron los conventos.

La donación a la iglesia será confirmada por sucesivos reyes de Galicia y los conventos, o lo que de ellos quedaba, son transferidos a distintas órdenes religiosas: benedictinos y franciscanos. Estas nuevas comunidades religiosas mantenían un régimen feudal con la población que allí se instaló y que permaneció hasta mitad del siglo XVI. Cultivaron centeno, maíz y trigo y criaban animales de forma más o menos libre en los abundantes pastos: cabras, ovejas, gallinas, conejos y cerdos, todo como base de su dieta que se completaba con la pesca. El abono de las tierras se realizaba con algas y había abundante agua para el pasto y los cultivos.

El abandono eclesiástico de las islas se debió en parte a los confliectos internos de a iglesia, pero en mayor medida  por nuevos ataques piratas que tuvieron lugar hasta bien entrado el siglo XVIII, ya en la Edad Moderna.

A finales de la Edad Media se suceden los conflictos de la monarquía española ante el cambio en el panorama internacional de ultramar. Esto derivó  en el uso de las islas como caladero o refugio para barcos extranjeros. Estas nuevas invasiones (turcos, tunecinos, ingleses) respetaron en gran medida a los insulares, salvo en el caso del pirata Francis Drake que se ensañó con la ria de Vigo y asoló las Cíes.

Durante este tiempo- mitad del siglo XVI al XVIII- la hostigada población de las islas mantuvo un régimen similar al antiguo régimen monacal en el que el foro, en esta época, de las islas Sías eran administrado por nobles de la villa de Baiona y pasaron a conocerse como Islas Bayonas o de Bayona en el XVIII. La situación de inseguridad en estos tiempos causó el abandono de las islas.

Por todo este caos marítimo, piratas y rutas comerciales, las Cíes fueron objeto de varios planes de fortificación en el XIX, que dieron como resultado un almacén de artillería en el antiguo monasterio de San Esteban y, seguidamente, un Cuartel de Carabinero del Reino y de una cárcel próximos a la playa de Nosa Señora. 

A principios del siglo XIX, estas construcciones de defensa proporcionaron una situación de mayor confianza que promovió la repoblación e instalación de nuevas actividades. Las islas pasaron a depender de la villa de Vigo en 1840 y por estas fechas se instalaron dos fábricas de salazón: una en la isla Norte donde se sitúa el actual restaurante de Rodas y otra en la isla Sur con almacén y puerto de atraque. Prosperó también una taberna “La Isleña”, cerca del Lago, que dió servicio a muchos marineros, y se construyó el Faro de Cíes en 1852. El Lago fué utilizado por entonces, según cuentan y muestran sus restos, como vivero de langosta.

La competencia de las conserveras en la costa próxima motivo el declive de las salazoneras insulares que en 1900 quedaron reducidas a almacenes. Las Cíes mantuvieron una pequeña población, originaria en su mayoría de Cangas, que fué decayendo hasta mediados del siglo XX. Su modo de vida se fundamentó en una agricultura (patata, maíz y hortalizas) y pesca de autoconsumo y ocupación como cuidadores o temporales en las fábricas de salazón. Se reunían en las tabernas (La Isleña, Serafín, el bar Begoña y la casa del Chuco) y cazaban para diversión. Cuando las fábricas cerraron, algunos se fueron pero otros se quedaron y vivieron de vender la pesca en mercados de la costa. Gentes de la costa aprovecharon este territorio sin regulación como pasto para el ganado.

A medida que avanzaba el despoblamiento crecía el interés turistico de las clases acomodadas y se iniciaron las primeras visitas a las islas en grupos reducidos a inicios del siglo XX. A partir de los años 50 este turismo se hizo masivo y los estudios sore los valores naturales de estas islas mostraron la necesidade de protegerlas. En 1980 se declaró Parque Natural al archipiélago de las islas Cíes y la mayor parte del territorio es propiedad del gobierno autonómico.

Durante esta etapa y hasta finales de los 70, el Ejército enviaba cada verano un destacamento para prácticas de supervivencia en la isla Sur. De ellos solo quedan historias populares y la vivienda de los pilotos prácticos.

PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

Restos pertencientes al Paleolítico: bifaz camposanquiense y un pico raspador dentro de las bifaces acheulenses utilizadas para marisqueo, y algunas poutadas usadas como pesos en ciertas artes de pesca.

Del Neolítico se encontraron tres molinos de mano naviculares,  una talla bifacial y una pieza triangular con valor decorativo, pero existe en las islas un depóstio adscrito a este período con materiales cerámicos y líticos aún sin determinar.

El castro de “As Hortas” es lo más destacado de la Edad del Bronce, hoy en día muy alterado por actuaciones posteriores de cultivo. Presenta unas 4 o 5 viviendas de base cuadrangular que incluyen puertas de dos hojas. Los concheiros asociados a esta etapa revela cerámicas primitivas de color gris, ocreo o anaranjada con decoraciones sencillas; y otras más evolucionadas y con técnnicas de alisado, bruñido y espatulado. Se localizaron un ara, fusaiolas ( posible peso de telar), jambas de decoración de cuerda y un anzuelo y fíbula utilizados para pesca.

Los restos datados de época romana se componen de ánforas, tégulas, cerámica y collares en las islas Faro y Sur, y un peculiar anillo en la zona de Muxieiro cuya inscripción se interpreeta de carácter militar.

A principios de la Edad Media se iniciaron las primeras construcciones religiiosas que luego serían modificadas:

Monasterio o Convento de San Esteban, en la isla del Faro
De planta rectangular, dos alturas, realizado en granito con cubierta a dos aguas. Conserva en la base las cimentaciones originales sobre la roca y, durante su rehabilitación para Aula de la Naturaleza, se hallaron varias tumbas antropomorfas de etapas primitivas ( una de ellas en exposición) y restos óseos de mujeres y hombres.

Eremitorio y templete en la isla Sur:
El eremitorio mira al océano, formado por un habitáculo entre muros de perpiaños y restos de un antiguo tejadillo. El templete, frente a la playa, está flanqueado frontalmente por dos columnas y fornela central. En la parte posterior del tejado hay un remate central a modo de arco con tres nervios y en la frontal una cruz y dos pináculos.

LOS PECIOS

La situación de las islas Cíes a la entrada de la ría de Vigo, abiertas al oceáno y regulando las vías de acceso a su interior, fueron testigo de numerosos naufragios. Sus fondeaderos principales (playa de Rodas y Carracido) guardaron siempre su historia. Los pecios encontrados en las aguas de Cíes son motivo de numerosas pesquisas cuyos frutos son:

  1. Anclas líticas de época romana
  2. Joyas y cerámica de época romana
  3. El “Santo Cristo de Maracaibo”, galeón español que, lleno de tesoros, se hundió próximo a la isla Sur tras la batalla de Rande.
  4. Submarinos alemanes de la segunda guerra mundial abatidos por las fragatas aliadas
  5. Navío británico H.M.S. Júpiter, perdido en 1808
  6. Cañones y sables.

Varios naufragios sucedieron en estas aguas pero podemos destacar el “Ave del Mar” que perdió a sus 26 tripulantes por causa de un temporal y a los que se les erigió una cruza en la punta norte de la isla Sur.

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

Dependencias de los poboadores:
Construídos con perpiaños y muros de bloque en seco de granito y con tejados de una caída. Se conformaban como pequeñas granjas autárquicas: la vivienda familiar que incluía horno y cocina, y compartimentos para resguardo de los animales. 
Para servicio de estos pobladores existieron en las islas:

Herrerías o Forjas:
Construcciones con horno de piedra y suministro de agua localizadas en la isla Norte y otra en la isla Sur.

Molinos:
Uno en la isla Sur de tipo rodicio horizontal con canalización de agua en la parte superior y otro de viento al sur del Lago, que fué utilizado hasta el siglo XX.

Cuartel de carabineros y cárcel:
Ambas próximas a la playa de Nosa Señora. El cuartel, de dos alturas, era rectangular con varias estancias internas. La cárcel es un conjunto de dependencias que delimitan un patio interior central. Se asocian con estas dependencias de seguridad el almacén de artillería que se ubicó en el monasterio.  

Fábricas de salazón, vivero y tabernas:
Asociadas todas ellas a la mejor época de las islas.
Las fábricas de salazón: una donde se sitúa el puerto de Rodas y otra en la isla Sur que aún conserva el patio de los tanques de salazón. El vivero estaba formado por una vivienda próxima al Lago y una estructura subacuática en el fondo del Lago, de la que aún se pueden observar los muros en marea baja. El agua se regulaba mediante unas compuertas en el dique que une las dos islas. Próximo a la vivienda del vivero estaba “La Isleña”, taberna regentada por el “Coxo” y que tenía un horno de cúpula que ofrecía sabrosas empanadas a los marineros.

Cementerio:
Pequeño y singular por su construcción en declive, siguiendo la ladera sur del Lago. En su interior quedan algunas cruces de hierro y, bajo el ara que soporta la base de la cruz interior, se encuentra un osario.   

Monumentos- homenajes:
Homenaje a Jesús Molanes Gamallo con una placa sita próximo al convento, a Fernando de Castro con una placa en el promontorio debajo de la cárcel como uno de los primeros amantes de la isla, y la cruz en honor al “Ave del Mar” en la isla Sur.

Capillas:
En 1963 se construyó una pequeña capilla con advocación a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, en punta Muxieiro. Del mosaico que mostraba la Virgen sentada con el niño en brazos solo queda su rostro. En la isla Sur se inauguró en 1930 un sencillo altar gracias a un grupo de cazadores que allí acudían.

Faros:
Existen en las Cíes 4 faros pero, inicialmente, se construyó en 1852 el Faro de Cíes: a 171 metros de altura, con torre para la linterna y dependencias para los fareros encajadas en la torre. Tras varias reformas estas dos estructuras aparecen  independientes y el faro funciona de forma automática mediante placas solares. Los otros tres faros – do Peito, da Porta y Bicos- construídos ya en el siglo XX, señalizan las entradas a la ria.

Archipiélago de Ons

HISTORIA

De los primeros tiempos de la historia se hallaron pocos restos y tan dipersos en la isla de Ons que no permiten aventurar la existencia de asentamientos o pobladores temporales. En contra, se localizaron restos pertenecientes a la Edad del Bronce y asentamientos de cultura castreña. Uno de ellos en la ladera situada sobre el barrio de Canexol conocido como “Castelo dos Mouros” que presenta, aún sin excavar, una distribución circular con estructuras defensivas. El otro castro que se conoce como “Cova da Loba” se localiza en la zona norte de la isla pero de él no quedan más que restos de cerámica, baldosas y abundantes concheiros.

La falta de prospección del castro situado en Canexol nos deja también sin registro de la ocupación romana en la isla, pues estos pueblos solían instalarse en los poblados céltivos preexistentes. Los geógrafos de esta época nombras a estas islas como las islas Aunios.

Posteriormente la ocupación sueva y visigoda en Galicia no dejo huella conocida en Ons, pero podemos intuir un despoblamiento total del territorio por causa de sus ataques.

Las islas Ons aparecen por primera vez en un documento en el año 899, Edad Media, cuando el rey Alfonso III dona la “Isla Aones” al Cabildo Compostelano. Esta donación fué ratificada por reinados posteriores hasta 1109 con Alfonso VI. Durante este tiempo la documentación encontrada refleja que allí existió una iglesias de San Martín pero no tenemos indicación ni rastro de su congregación o población alguna en la isla.

A pesar de los ataques vikingos durante la baja Edad Media, se conoció en la isla un monasterio durante el siglo XV del que no quedan evidencias y del que, aunque no sabemos si albergaba religiosos de forma estable, hicieron uso monjes del interior de la costa para retiros y meditación. La situación de este convento se asocia con la presencia de un sepulcro antropomorfo localizado en la playa de Area dos Cans y es conocido como a “Laxe do Crego” que, sin tapa, es visible en marea baja. Todo este conjunto histórico fué origen de leyendas populares entre los insulares.

En el siglo XVI, Edad Moderna, la Iglesia concedió la isla en feudo a la familia Montenegro. Las referencias escritas de este feudo dan testimonio de que la isla estaba habitada y contaba con un templo parroquial. Pero desde finales de este siglo comenzó el asedio de corsarios ingleses, el más conocido y temido Francis Drake, y también piratas turcos y berberiscos. Los saqueos y la quema de dependencias que sufrieron los pobladores hasta bien entrado el siglo XVIII causaron su huída a la costa.

En 1810, sigo XIX, la Junta Provincial de Armamento y Defensa decidió fortificar la isla, y la propiedad de los Montenegro se hizo más segura permitiendo el repoblamiento. De esta actuación se localizaron dos fortalezas: una en el barrrio de Pereiró de la que solo queda alguna piedra perdida – muchas se usaron para las casas- y otra en Curro a pocos metros del puerto hacia Melide conocida como “Castelo de Rueda” y objeto de singulares leyendas que hablan de cuevas próximas.

Con el ejército se gestionó una división parcelaria de terrenos que el Estado cedía a los isleños para su cultivo a cambio de un canon. La recaudación se destinaba a sufragar las fortificaciones hasta que, abandonados finalmente los proyectos defensivos, se entrega la isla a sus dueños.

En los años 1835-40 se instaló la primera fábrica de salazón cerca del puerto y esto cambio la vida de los isleños: su actividad se enfoca en la pesca para suministrar a la fábrica, llegan nuevas gentes del Barbanza, mejora la economía de la isla y aumenta la población. Las fluctuaciones en la pesca de la sardina ocasionó el declive y cierre final de la emprsa, y la venta de las capturas de los pobladores se trasladan a la costa.

En 1929 –siglo XX- D. Manuel Riobó compra la isla e instala una sociedad mercantil con el nombre de “Isla de Ons” dedicada al secado y comercialización de pulpo y congrio ocupando la antigua fábrica de salazón. Los isleños se especializaron en las nuevas especies marinas y toda su pesca se gestionaba a través de la sociedad. Heredero del negocio, D. Didio Riobó se suicidó al inicio de la Guerra Civil y dejó la isla sin gestión directa.

En 1940 el Estado expropia de nuevo la isla para defensa nacional, y el Ministerio del Ejército se hizo cargo de la isla en 1943 con intención de instalar una base de submarinos que nunca llegó a construirse. En 1960 vuelve a manos del Estado que designa un alcalde de barrio para gestionar la isla. A partir de entonces la isla de Ons pasa por distintas administraciones del Estado para su cuidado:

*En 1965, a cargo del Instituto Nacional de Colonización, se realiza un informe de situación que refleja la urgene necesidad, entre otras, de construir un puerto adecuado a las nuevas embarcaciones de pesca. Se construye el “Centro cívico” con iglesia, escuela, almacenes y vivienda para maestro y médido pero no se realiza ninguna mejora del puerto.

*En 1975 el IRYDA se hace cargo de la isla pero tampoco soluciona los problemas de amarre de la flota de la isla.

*En 1979 el ICONA  se establece en el Centro cívico. Las actuaciones que realizaron tampoco respondieron a las necesidades de la población que, cansados del desinterés de la administración, decidieron asentarse en la costa próxima y mantener sus viviendas en la isla como segunda residencia para el verano.

Durante los años 40-50  la isla vivió su mejor época alcanzando los casi 500 habitantes. Los niños dejaban la escuela al poco tiempo para ir a faenar con los mayores hasta que compraban su propia dorna. Las niñas, después de la escuela, se casaban y se ocupaban de la casa, los niños y el campo. Se cultivaba maíz, centeno, patatas y hortalizas para casa; y se labraban pastos para el ganado: vacas, bueyes, ovejas y cabras; había también en las casas gallinas y por lo menos un cerdo. La pesca, abundante en mariscos y peces, supuso al principio una mejor alimentación pero, más tarde, constituyó la actividad de beneficio en la que muchos isleños se especializaron. En un medio tan áspero las gentes compartían todo. Los domingos eran el día de reunión en el Centro Cívico.

El despoblamiento progresivo de la isla fué parejo al auge turístico, que alcanzó un mayor grado en los años 70. Las transferencias del Estado a la Comunidad Autónoma de Galicia en 1983-84 definieron la dependencia del territorio de la Consellería de Agricultura y posteriormente de la actual Consellería de Medio Ambiente.

PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

De la época paleolítica aparece un raspador de gneis y una pieza trapezoidal de granito tallado.

Perteneciente a la Edad del Bronce existen: Dos machadas de talón. y Castro "Castelo dous Mouros": en la ladera del Alto da Altura. Aunque sin excavar, los escritos identifican un solo recinto muy inclinado y un antecastro separado por un foso. El acceso es un corte entre muros de 2 metros de altura con un paso estrecho en varios tramos que desciende al poblado. Anexo al poblado se localiza una cueva, a “Cova dos Mouros”, llena de leyendas.

Época Medieval: Sarcófago “Laxe do Crego”: una piedra en forma de tumba antropomorfa de unos 2 metros de largo que se observa durante la bajamar en los arrecifes rocosos de la playa de Area dos Cans. En la tradición popular se dice que perteneció a un viejo abad de la época en la que había un monasterio en la isla.

El archipiélago de Ons destaca sobre los demás por la gran cantidad de naufragios en las aguas de su entorno, entre los que destacamos: el remolcador de la Armada Española “Cíclope”, el crucero auxiliar francés Barsac, o el ya famoso submarino General Mola.

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

Fortificaciones:
De escasa importancia a pesar de que la isla pasó por dos periodos de fortificación – 1810 con la Junta de Defensa y en 1943 con el Ministerio del Ejército-. Destaca una plataforma de unos 24 m. de forma acastillada tipo Wauban en la Punta do Castelo conocida como “Castelo de Rueda”.

Vivendas y anejos:
Las viviendas en los años 30 se dividían en casales – con dos alturas y en manos de los isleños con mayores recursos- y las casetas – con una altura-. En el interior contaban con horno y hogar y sus ventanas se orientaban a la ría; las cortes para los animales se situaban en la planta baja o anexas a la vivienda. 

Es notorio la abundancia de hórreos propios de cada casa. Son hórreos de piedra, en su mayoría, tipo “celeiro” con la base cerrada y la cubrición de teja a dos aguas ornamentada con cruces y pináculos. Dos de ellos de gran tamaño, tras la casa rectoral, delimitan un patio central en los que se celebraon los festejos de antaño.

Fuentes y lavaderos:
Ons, rica en agua, aprovechó algunas de sus fuentes naturales para construir lavaderos distribuidos por barrios en los años 50. Otras fuentes naturales se acondicionaron para uso como fuente: Curro, Gaiteiro, Dornas...

Construciones religiosas:
La ermita de San Joaquín, sita en Canexol, es pequeña y sencilla. Alrededor de la propia ermita se ubica el cementerio de la isla y un muro reciente que protege todo el conjunto. La campana de la iglesia desapareció hace años y los actos religiosos que en ella se oficiaban concluyeron en 1969. En el interior existe una pila de piedra encajada y otra de mármol independiente, pero no se aprecian imágenes devotas debido a un incendio en los años 70.

La iglesia situada en el barrio de Curro se construyó con motivo del Centro Cívico pero su estética no es gallega: el exterior está adornado con mosaicos y el campanario es de estilo mudéjar.

El crucero próximo a ésta, posterior al Centro Cívico, se cree que fué construido como símbolo de la ruta jacobea marítima atlántica.

Faro:
En el alto del monte Cucorno se levanta este histórico faro vigilado por los últimos fareros de España. La primera construcción se realizó en 1865 y su luz blanca a través de una linterna octogonal llega a las 17 millas. En 1926 se construye el segundo faro sobre la base del primero y sus lentes son las que giran sobre el foco alcanzando las 35 millas. El edificio anexo a la torre incluye las viviendas para los fareros, el almacén y el taller.
Actualmente la subministración energética proviene de las placas solares instaladas recientemente.

Dornas:
Embarcación típica de Ons cuyo origen se relaciona con las primitivas naves normandas que invadieron estas costas allá por el siglo X-XI. La adapatación a este entorno marino dió lugar a una embarcación artesanal en madera de manga ancha, muy estable, que se maneja a remo o con vela tradicionalmente latina.

La adopción de la dorna en cada familia marcó un paso de la pesca familiar al cooperativismo: tres hombres y un joven. Las dornas mayores – 5 o 6 m.de eslora- son las “xeiteiras” utilizadas para la pesca de la sardina, y las pequeñas – 3 o 4 m.de eslora- son las dornas “polveiras” para la captura de pulpo. Hoy día incorporan motores y luces por seguridad y mejor manejo.

Toda esta arquitectura y cultura, en sus orígenes típicamente marinera y particular de Ons, es objeto de recuperación y conservación.

PATRIMONIO SOCIOLÓGICO

El aislamiento al que se veían sometidos los isleños y la carencia de servicios tanto espirituales como médicos generó una cultura popular única. Leyendas, la Santa Compaña, remedios caseros, tradiciones... constituyen un conocimiento de valor incalculable que corre peligro de desaparecer.

Medicina popular:
Por causa de las dificultades para la asitencia médica arraigó en la isla el conocimiento y desarrollo de prácticas populares de curación. Se utilizaban plantas con propiedades particulares – acedera, cicuta, malvas, saúco,..-, elementos y sustancias de animales o usados para cocina – cereales, ungúentos, plumas, excrementos...-, y se realizaban ritos para asegurar el correcto efecto del remedio a aplicar. Se trataban de esta forma afecciones respiratorias, digestivas, dolores de mujeres, reumas y también otros males de los animales.

Supersticiones:
Se hicieron populares muchos dichos que incluso condicionaban la vida en la isla:

  1. Si una embarazada comía percebes tenía que evitar que el agua del percebe no le saltase a la cara ya que si lo hacía el niño nacería con una mancha en el cuerpo parecida a la uña del percebe.
  2. Si alguien le tiene ojeriza a otro, debe ir a Beluso (pueblo en la costa) y traer un sapo al que le colocará un trozo de ropa del “malquerido”. Mientras el sapo tenga la prenda en la boca, el vecino odiado andará siempre “doente” (caliente en sentido figurado).
  3. Cuando entre muchos que pescan no pillan nada se juzga que la dorna está encantada y deben ir de noche a varear la dorna con una retama hasta que la canse.

Fiestas y Gastronomía:
Las festividaes más celebradas eran Navidad, el Carnaval, Pascua, San Juan, el patrón “San Joaquín” – en agosto- y San Martiño (matanza del cerdo). Para estas fiestas se preparaban ricos platos y sobremeas típicas de Ons: bandullo, lingotes, filloas, compota, chulas...

En Ons existía un rico Cancionero popular propio con coplas y desafíos que inventaban las mujeres o adaptaban de otras sabidas.

La pesca del pulpo en Ons:
La especialización en la pesca del pulpo a causa de la empresa de secado dejó en los isleños un gran saber y destreza para su captura:

  1. A la Seca: en marea baja con bichero.
  2. Con Espejo: con una dorna, el bichero y el cajón-espejo
  3. Con Línea: una vara con anzuelos y cangrejos “pateiros” de cebo.
  4. Con Nasa: una estructura o armazón con red como trampa para pulpo.

Hoy día es famosa la “Caldeirada de pulpo de Ons”.

Archipiélago de Sálvora

HISTORIA

Aunque los pueblos primitivos: celtas, romanos, suevos,,, llegaron a extenderse por toda Galicia, no existen datos ni estudio de asentamientos o usos de esta isla por entonces. Así, la historia conocida de Sálvora comienza a finales de la alta Edad Media en la que, formando parte de la corona gallego-asturiana, fué donada por Alfonso II a la Iglesia de Santiago. Algunos hablan de una iglesia en la isla, pero no existen evidencias ni restos que la identifiquen.

Entrada la baja Edad Media la isla se utiliza como campamento base de ataques invasores: vikingos, sarracenos...lo que hizo imposible una población estable. Cuando estas contiendas cesan y la calma se impone en la ría, gentes de la costa se deplazaron a Sálvora para aprovechar sus tierras. La Iglesia en este momento, mediados del siglo XVI, entrega la isla como coto a Marcos Fandiño Mariño. Su gestión y la de sus herederos, hasta principios del siglo XVII, se basó en un régimen feudal en el que los pobladores entregaban parte de las cosechas y del ganado al amo.

Tampoco existe en la isla testimonio del paso de los ataques piratas del XVII- XVIII, pero si tuvo reflejo en la isla el auge comercial y pesquero de la época. Se instaló una fábrica de secado y salazón de pescado conocida como “O Almacén” entre 1770-79 y, posteriormente, una pesquería de atún en 1789 a la que se le concedió el uso exclusivo de la isla y de cuatro leguas alrededor de ella, condición que provocó duros enfrentamientos con los marineros de la zona.

Estas empresas propiciaron que gentes de la costa poblasen la isla. Las familias se agruparon en la “Aldea” y en algunas casas convivieron varias generaciones. Vivieron sin iglesia ni escuela, pero los fareros fueron buenos maestros. Cultivaban maíz, centeno, patatas, y cada familia tenía 7 u 8 vacas, más ovejas, gallinas y conejos; todo para autoconsumo. Pescaban a bordo de sus dornas, y la pesca estaba exenta de repartición con el amo, siendo así su fuente de ingresos.

En 1820 Isabel de Mariño, heredera de la isla, se casó con Ruperto Antonio de Otero y con ellos la saga de los Otero se convirtió en los nuevos propietarios de Sálvora.

El Estado expropió la isla a los Otero en 1904 por moivos de defensa nacional y mantuvieron en ella una pequeña dotación militar hasta 1958. Durante su estancia en la isla, los pobladores pasaron a ser colonos del Estado sin contraprestaciones lo que les permitió mejorar su vida: sus casas, nuevas cuadras para el ganado, mejores embarcaciones...

En 1921 vivían en la isla 59 personas pero tan solo 25 conocieron el trágico naufragio del vapor Santa Isabel en la zona sur de la isla. Sucedió el día 2 de enero y muchos isleños se encontraban celebrando las fiestas con familiares en la costa. Valientes los que quedaban, mujeres en su mayoría, se lanzaron en dornas en auxilio de los naúfragos. En diciembre del mismo año se inaugura el nuevo faro. Queda en la isla memoria de este suceso como se lee en la placa en Memoria del Naufragio del Santa Isabel que dice así:
“A D. Carlos Verdier y Escobar, agregado que desapareción en el naufragio del vapor Santa Isabel y a la memoria de las demás desgraciadas víctimas de dicho siniestro ocurrido en estas aguas en la madrugada del 2 de enero de 1921. Dedican este recuerdo los desconsolados padres de CARLITOS. Cádiz 27 julio 1921.”

Cuando el ejército se retiró, los antiguos propietarios recuperaron la isla pero los isleños iniciaron el abandono pues accedían a mejores trabajos en la costa. Los propietarios de la isla introdujeros animales para ejercicio de la caza que malograban las cosechas. Los últimos habitantes  abandonaron la isla a finales de los años 70.

Los propietarios se instalaron en la antigua factoría “O Almacén”, que rehabilitaron como pazo y transformaron la taberna cercana en su capilla. Usaban la isla como coto de caza hasta que esta actividad fué prohibida por la administración.

En el año 2002 se incluye la isla de Sálvora en la declaración del Parque Nacional pero hasta el año 2007 su territorio no pasará al patrimonio público. La compatibilidad del disfrute con la conservación de la isla, con importantes valores en alto grado de protección, limita sus recorridos de visita pero las vistas en su andar ofrecen toda la belleza de este lugar.

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

La aldea:
Situada en la cara noreste, por encima de Punta de Pernaprada, este poblado se encuentra ya en ruína. Las casa, de planta baja, comparten medianeras y muchas conservan una pequeña terraza de entrada. La agrupación del poblado deja un espacio central al que miran todas y se usa como patio comunitario.

En el interior de las casas, la dependencia mayor se corresponde con la cocina-comedor en la que había grandes hogares y horno. Construcciones anexas a las casas son las cuadras para el ganado, la maquinaria y herramientas; bastante modernas.

Hórreos:
Existen dos hórreos situados a la entrada a la aldea. Son hórreos de tipo celeiro con la base cerrada y construidos en piedra, portan cruces y pináculos como adorno en sus techos a dos aguas.

Fuente de Santa Catalina:
A unos 100 m.antes de la aldea, por el camino que conduce a ésta, existe esta fuente en la que se puede leer: “Agua virtuosa de la Salud y la Fuerza”

El Faro:
El primer faro se construye en 1852 en Punta Besugueiros, como faro de cuarto orden, con luz blanca y roja hasta las 10 millas. Anexaba los cuartos para los fareros y el almacén y la torre era hexagonal con un pequeño balcón. Funcionó primeramente con aceite y despues con petróleo. El segundo faro, en el mismo lugar, se inaugura tras el naufragio del Santa Isabel en 1921 y es de tercer orden. Se realiza una última reforma en 1954 incorporando grupos electrógenos, baterías y almacén. Hoy día funciona con placas solares y la atención de los pocos fareros que quedan en España.

El puerto:
Se hizo para dar servicio al faro y los fareros desde la playa del Almacén. Tiene buen abrigo y calado.

Pazo de Goyanes:
Construído sobre el antiguo almacén de la fábrica de salazón, consta de dos torres de tipo palaciego y porta varios escudos heráldicos. Frente a la entrada principal se sitúa la capilla, antigua taberna de la isla, y un poco más al norte un hermoso crucero con imágenes labradas en piedra.

Sirena de Sálvora:
En la playa del Almacén se erige una escultura de piedra conocida como la Sirena de los Mariño.

Archipiélago de Cortegada

HISTORIA

En Cortegada no se encontraron, quizás por falta de prospección más profunda, señales o indicios de la cultura castreña pero existen referencia de civilización romana. Éstos la nombraron “Corticata” y son testigo de su paso el hallazgo de varias ánforas encontradas en sus aguas. No obstante, este dato no puede asegurar que los romanos se asentasen en la isla.

No se conoce si los suevos, visigodos o los musulmanes hicieron uso de ella y esto nos sitúa ya en el siglo IX, Edad Media, en el que consta que el rey vigente D. Alfonso II hizo donación de la isla a la Iglesia de Santiago tras el descubrimiento del Sepulcro del Apóstol. La ruta establecida por el río Ulla (al fondo de la ría en la que nos encontramos) para llevar a Santiago las “riquezas” de la Iglesia, fué un gran atractivo para los vikingos. Éstos, desde las islas, planeaban continuos ataques para conseguir el codiciado botín.

Durante los siglos XIV-XV, cuando Galicia era un mar de conflictos y asolaba la peste negra, fueron muchos los que peregrinaron al Santuario de Cortegada para implorar la curación de sus males. Mientras se sucedían las luchas internas, piratas y corsarios aparecieron en la Edad Moderna por toda la costa gallega, pero se desconoce su posible presencia en Cortegada. Desde 1526 la isla fué aforada por la iglesia y en ella se construyó un hospital lazareto para los peregrinos.

Las gentes que se establecieron en la isla situaron el poblado cerca del puerto, incluyendo la ermita y el hospital anexo. Los terrenos que se araban estaban dedicados a huerta, maíz y viñedo; y los bebederos de piedra que aún quedan entre las casas son testimonio del cuidado de vacas, gallinas y ovejas de los pobladores.

Con motivo del declive económico que sufrió la ría de Arousa en el siglo XVIII, los ayuntamientos de Villargarcía y Carril proponen donar la isla a Alfonso XIII –en el inicio del reinado de los Borbones- como lugar para ubicar su residencia de verano y así revitalizar la economía de la ría. Toda la provincia se suma a este proyecto y, con el agrado de la Casa Real, se realiza la entrega en donación en la Golpilleira (residencia de Sr. Quiroga Ballesteros, a quién pertenecía el foro de la isla) el 19 de agosto de 1907. Por estas fechas habitaban en la isla 17 vecinos pero existían muchos terrenos de otros particulares cuyas cesiones no estaban claras y entorpecieron los trámites legales de la donación. Se rumoreaban sobre un gran pazo y un puente elevadizo para la isla. Finalmente, en julio de 1910, se entrega en Madrid la escritura definitiva de la donación pero ya estaba en construcción el pazo de la Magdalena en Santander a donde iría la familia Real. La isla quedó como cotos de caza del rey, despoblada y bajo la vigilancia de unos caseros designados por él mismo.

Durante la República – 1931,tras el exilio de los monarcas- la isla pasó a manos del Estado quién envió un grupo de carabineros “La guardia de asalto” para custodia de la isla. En 1958 el territorio es recuperado por los Borbones pasando, por herencia, a manos de D. Juan de Borbón. El monarca decidió venderla en el año 78 a la inmobiliaria “Cortegada S.A.” quién enseguida planeó su urbanización alegando una gran ocasión para el turismo.

Los defensores de su riqueza natural y paisajística consiguieron frenar este proyecto de la inmobiliaria y en el año 2001 el gobierno autonómico trató de incorporarla al patrimonio público. En el año 2002 se incluye en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, a pesar de su condición de propiedad privada en manos de “Cortegada S. A.”y , finalmente, en el año 2007 la isla de Cortegada y la islas Malveiras pasaron a ser de propiedad pública. Este fué un acontecimiento muy celebrado por las gentes de Carril y Villagarcía pues se conmemoraba el centenario de su donación.

PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

Existen restos de cerámica de la fase final del Bronce que se encontraron en las aguas próximas a la isla.

De época romana se localizaron 3 ánforas completas y restos de otras 20.

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

Santuario de la Virgen de Cortegada /Ermita:
El Santuario estuvo situado entre las casas originariamente pero se trasladó un poco más al sur al construir la nueva capilla. La capilla, ahora en ruínas, es anterior al siglo XIV y porta en su fachada un blasón y en su interior contaba antaño con numerosos exvotos marineros. Se celebraba la romería a la Virgen los días 25 de marzo y el 8 de septiembre, pero con la donación se trasladaron las imágenes y los exvotos . La última romería se celebró en 1935.

Hospitalillo:
Anexo al santuario tamién se trasladó con él. Los restos que se conservan datan de 1652 y funcionó como lazareto hasta el siglo XVIII.

Cruceros:
Es este archipiélago numeroso en cruceros lo que, posiblemente, se debió a la conmemoración del paso del cuerpo del Apóstol Santiago hacia Compostela.
Uno se sitúa en punta Corveiro y en su base se observa la concha y la cruz del peregrino; otro, con Cristo crucificado en la cruz, es la antesala a la capilla; y el tercero se localiza en la isla Malveira Grande.

Aldea/ poblado:
Contaba con unas 20 casas más o menos grandes y compartimentadas. Entre ellas quedan restos de lagares, aperos de labranza y las pías para el ganado. Por encima de las casas se observan canales para la traída del auga desde el interior de la isla.

Cuartel de la guardia de asalto:
En la parte occidental que mira a Malveiras, se sitúa esta construcción en piedra con una enorme puerta rematada en un gran arco más o menos moderno.

SIGLO XXI

AGRICULTURA Y GANADERÍA

Las islas fueron cultivadas para el sustento de las familias en régimen de autoconsumo. En Ons, última de las islas del Parque Nacional con habitantes, se mantienen pequeñas huertas para el cultivo de verduras, maíz, patatas...en las que el abono es totalmente orgánico y se trabajan a mano, de forma tradicional.

De la escasa explotación ganadera tan sólo quedan cortes vacías en Sálvora y el cuidado de unas pocas gallinas, conejos y algunas ovejas por las gentes de Ons. En este último caso, al ser una actividad tradicional de antaño que permanece controlada el impacto es reducido.

Las medidas de conservación necesarias para la protección de los ecosistemas naturales presentes en todo el territorio del Parque impiden la introducción de animales o plantas por su incidencia sobre la biodiversidad presente en las islas. Tan solo aquellas actividades de carácter tradicional preexistentes son permitidas y controladas para asegurar que mantienen esta biodiversidad.

EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS PESQUEROS

Todas estas actividades están reguladas de forma directa por el gobierno autónomico mediante planes de extracción y/o de explotación, pero es preceptiva la autorización del Parque para aquellas que tengan lugar dentro del Parque Nacional. Los estudios particulares que se realizan sobre este ámbito son la base para el desarrollo sostenible en la zona.

La riqueza de las aguas del parque fué explotada en toda su diversidad: pesca, marisqueo, recolección de algas...incluso las playas, de donde se extraía arena para obras de construcción , actividad hoy en día totalmente prohibida.

Pesca:
En el sur de Galicia predominan los barcos que faenan con las artes de arrastre, deriva y artes menores. En aguas del Parque Nacional únicamente está permitida la pesca profesional de carácter artesanal, siempre que se realice de una forma compatible con la conservación de los recursos marinos. En estas aguas se identifican las siguientes artes y capturas:

Artes menores de enmalle: formadas por uno o más paños de red armados (betas, miños, trasmallos, etc.), con ellas se pescan gran variedad de peces y crustáceos –rodaballo, abadejo, maragota, raya, faneca, lenguado, centolla, buey, langosta, lumbrigante y choco.

Artes menores de palangre o anzuelo:

  • Línea: una línea madre de cabo muy fino o sedal del que penden varios anzuelos separados
  • Palangrillos: aparejo de anzuelo que consta de un cabo madre del que penden brazoladas verticales.
  • Currican: aparejo de anzuelo horizontal que se remolca por una embarcación.

Estas tres artes pescan especies pelágicas según el tipo de anzuelo: caballa, sargos, maragota...

  • Potera: línea vertical con una vara que en su extremo inferior está provisto de varios anzuelos. Es utilizado para calamar o “pota” como se le conoce aquí.
  • Trampas: útiles de pesca que se calan fijos al fondo y actúan como trampa para la captura de moluscos o crustáceos.
  • Nasas: en forma de cesto formadas por un armazón rígido recubierto de red, con una o más aberturas o bocas. Se emplea sobre todo para los crustáceos como langosta, lumbrigante, centollas, buey, nécoras, camarón.

Los pescadores de la zona aprovecharon desde tiempo los recursos del mar, utilizando técnicas artesnales que son las únicas permitidas en las aguas del Parque Nacional.

Marisqueo:
Las islas son, por la variedad de sus ecosistemas – acantilados, arenales, fondos de concha...-, territorio de abundantes mariscos bien conocidos por los isleños y las gentes de la costa. Existen distintas técnicas de captura según las especies:

  • Marisqueo a pie: durante la bajamar en la zona intermareal, con sencillos azadones para la recolección de la almeja, berberecho; o en los acantilados con palas adaptadas para el percebe.
  • Marisqueo a flote: con embarcaciones y distintas artes.
  • Con endeño, vara larga que acaba en una horquilla pequeña con cubeta, para las almejas, vieiras...
  • Con nasas, para nécora...

Otros: mediante buceo o con uso controlado de compresores para la oreja de mar, la navaja, el erizo...

Estas técnicas aseguran la selectividad en las capturas por lo que sólo es necesario el control de las características de las capturas para asegurar la sostenibilidad de la explotación.

Recolección de algas:
Ante la dificultad de abonar los campos con productos orgánicos disponibles en la costa, se recogían las algas que el mar dejaba en las playas y rocas y se aplicaban a los terrenos para mejora de las tierras de las islas. Algunas eran utilizadas también para remedios curativos y para hacer buenos caldos en las cocinas.

Hoy, este recurso tiene multitud de usos: medicina, alimentación, abonos, cosmética...y su recolección es sencilla y agradecida. No obstante, el control sobre la extracción es indispensable para evitar la destrucción de hábitats de otras especies.

TURISMO:
El creciente interés turístico por estas singulares islas en los años 60 derivó en una gra afluencia de visitantes durante los años 70 y 80. Por suerte, grupos con intereses conservacionistas estudiaron los efectos de estos nuevos turistas que llegaban por tierra y por mar, dejaban residuos, cuyas acampadas causaban daños en las especies existentes y provocaban la proliferación de nuevas introducidas.

La biodiversidad estaba desprotegida en todos sus hábitats y la administración inició los estudios para su protección ya en los 80. La explosión de vida que muestran estas aguas son objetivo prioritario en la conservación del parque pues su atractivo es cada vez mayor para el turista y constituye un recurso de explotación que debe ser sostenible para mucha población local que vive de él. El medio terrestre constituye casi una prolongación del medio marino pues su influencia condicionóy condiciona toda forma de vida en tierra. En conjunto, valores únicos de un territorio muy especial que exige la mayor protección.

En estos momento la regulación del uso público tiene como objetivo la conservación de este particular ámbito. La información sobre los valores naturale y culturales de este espacio indica al turista como comportarse, haciéndolo responsable y partícipe de su conservación.

Aún queda por hacer pero hoy podemos gozar de estos incomparables paisajes y colaborar en su conservación para futuras generaciones.

 

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